martes, 14 de mayo de 2019

LA FÁBULA DEL HALCÓN Y EL RUISEÑOR EN VERSIÓN DE HESÍODO





RESUMEN: En esta disertación se aborda un texto del poeta Hesíodo, un fragmento de Trabajos y Días tiene la peculiaridad de ser una fábula y, todavía más, empleada dentro de una querella judicial. El primer propósito es destacar las repercusiones filosóficas de su distinción entre lo humano y lo animal, de acuerdo con la legalidad que les atribuye. 


PALABRAS CLAVE: apología, apólogo.


THE TALE OF THE HAWK AND THE NIGHTINGALE
ACCORDING TO HESIOD

ABSTRACT: This speech is about a piece of the poet Hesiodus. Starts with few lines of Works and Days where is a fable used in a trial. Signs a philosophical distinction, what is the animal nature and what is the human being, according the different kinds of law. 


KEY WORDS: justify, fiction.     







DEFENSA POR MEDIO DE LA FABULACIÓN          

El poeta griego Hesíodo es objeto de estudio de las más variadas disciplinas, tales como la política, la sociología, la literatura y la filosofía. Aquí se pretende estudiarlo en el quiasma problemático de las últimas dos, para lo cual se propone centrar la atención en Trabajos y Días, libro del que es extraído el siguiente relato:


            “Ahora contaré una fábula a los reyes, aunque sean Sabios. 

           
            Así habló un halcón a un ruiseñor de variopinto cuello mientras le llevaba muy alto,  entre las nubes, atrapado con sus garras. Éste gemía lastimosamente, ensartado entre las corvas uñas y aquél en tono de superioridad le dirigió estas palabras:
           

            ‘¡Infeliz! ¿Por qué chillas? Ahora te tiene en su poder uno mucho más poderoso.  Irás a donde yo te lleve por muy cantor que seas  y me servirás de comida si  quiero o te dejaré libre. ¡Loco es el que quiere ponerse a la altura de los más  fuertes! Se ve privado de la   victoria y además tiene que sufrir vejaciones, es  maltratado.’

           
            Así dijo el halcón de rápido vuelo, ave de amplias alas”. [1]


Son pocas líneas, en realidad; pero muy ricas, porque contienen  dos tipos de discursos. Se trata de la apología y el apólogo, que suenan parecido; más no son lo mismo. La acepción relevante de la apología es la de una defensa, o sea el esfuerzo para salir bien librado en un problema judicial. En cambio, el apólogo es un discurso eminentemente literario en tanto es el sinónimo de un género narrativo, la fábula, que suele ofrecer moralejas. Por cierto, Hesíodo es considerado como uno de los más antiguos fabuladores occidentales.

Hay apólogo, que trae su moraleja, incluso exhortaciones. Hay apología, debido a la circunstancia en que fue escrito el fragmento,  porque el autor se involucró en lamentable querella con un hermano suyo, llamado Perses, en torno a la posesión de unas tierras labrantías. El sentido de la defensa se establece al considerar a Hesíodo como la parte agraviada porque dicha propiedad debía repartirse entre ellos, por tratarse de una  herencia paterna; pero Perses quiso despojarlo, quitarle la parte que le tocaba. 

El apólogo y la apología le sirven para hacer parenésis (los exordios), y decir unas cuantas verdades; a pesar de que sea una fabulación, algo que, aparentemente, es falso. Que hay, cuando menos, una verdad es algo que puede constatarse al observar la naturaleza. Es verdadero y natural que los pájaros más pequeños y menos fuertes que el halcón le sirvan de alimento. Innegablemente, así son las aves. Pero, ¿será verdad todo lo que dice?; ¿Hesíodo es el ruiseñor de dulce voz, mientras que alguna otra persona es el halcón, animal rapaz?

Se puede objetar que no es un asunto filosófico (en tanto problema de la veracidad o de cómo validar un juicio en la determinación de seres) sino que involucra lo meramente literario. La objeción es válida solamente por la separación que se ha dado entre esos ámbitos milenios después de la alborada europea; pero no siempre fue así. De ahí que se hable de un quiasma o entrecruzamiento y eso está lleno de problemas. En lo literario, esta fábula es claramente metafórica y, con tal aclaración, es aceptable comparar al poeta con una de las aves. La palabra traducible como ruiseñor es aeedóni. Así, lo comparado es la labor de los poetas antiguos de Grecia porque también se les llama aedas. Son cantores como aquellos pájaros (pero, hay que cambiar la ee por oi, pues aoideoo es cantar, aoidos es cantor, como se ve en el propio nombre de Hesí-odo, aoiodos). Así pues, resulta aceptable la primera parte de esta comparación: el poeta es semejante al ruiseñor. De igual manera, el halcón sería semejante a alguien más; pero ¿de quién se trata?

Hesíodo nombra al halcón o gavilán como ireex (actualmente los griegos dicen geráki. Es el pájaro de rápido vuelo cuyas alas son largas (tanusípteros ornis), mucho más grandes que las de los ruiseñores; aunque la principal característica de los halcones no está en estos adjetivos, sino que es señalada en la misma acción que se describe: la rapacidad. De modo que el halcón tendría que ser su hermano, Perses, el rapaz, el que lo ataca y lo despoja; aunque, como se verá, no le corresponde ese papel directamente.

Si se deja de lado la ocupación literaria de Hesíodo, él es como todo hombre y, como tal, es otro animal; entonces ¿debe someterse a los rapaces? De ser así, entonces el propio poeta elabora una justificación para la rapiña. ¿Por qué se entrampa el narrador?, ¿es que no sabe qué le conviene decir?; ¿por qué no se defiende de otra manera que no sea comparando a su hermano con un ave más poderosa que él mismo?

Pero, el fragmento citado no se dirige a Perses, sino a los basileisin (los reyes). En la Grecia arcaica, para ser más precisos, en la Beocia de Hesíodo, el poder sobre la vida, la muerte y la libertad era ostentado por ellos, que gobernaban pequeñas localidades. Por lo regular se trata de guerreros, grupo en el que se puede incluir a los héroes de la poesía homérica, como Menelao y Aquiles, comparables con los animales rapaces y cuya ferocidad es emblemática y motivó más de un relato parecido al hesiódico. [2]

La importancia que se daba al basiléis fue cambiando con el paso de los años. Así en lo militar, pues en la épica de Homero era algún guerrero que tenía el privilegio de ser hippeis (jinetes) o de conducirse en cuadriga y, sobre todo, protagonizaba las batallas, tal como es descrito en Ilíada (por ejemplo los duelos entre Aquiles y el príncipe Héctor; Menelao y Paris, mientras los demás guerreros le hacen corro) hasta que, posteriormente, en las guerras fueron más relevantes las formaciones hoplitas, tanto de Esparta como de Atenas, así como las falanges macedónicas,

Una de las características de la poesía de Homero es, entonces, que describe el poderío del basiléis, encomiando sus hazañas individuales. En cambio, y esto permite introducir elementos distintivos de la poesía de Hesíodo, el título del libro de donde se extrae la fábula en cuestión para nada ensalza a los guerreros aristocráticos, sino al esfuerzo de los campesinos. De ahí los trabajos que deben hacerse en determinados días (Erga kai Emérai).

Hesíodo no dirige la palabra a Perses, en la fábula, sino a los basiléis. No a un tribunal, no a los jueces, porque —antes de que la democracia ateniense asomara la cabeza, antes de pensar siquiera en la separación de poderes— ellos asumían las principales funciones estatales incluyendo las de legislar y juzgar en las querellas. Eran la élite omnímoda de aquellos tiempos, los únicos poderosos, los pudientes como dice esta nota sociológica y económica:

        "Trabajos y días, del beocio Hesíodo, permite hacerse    una idea de los modos de  vida y del régimen económico que afectaba a gran parte de la población. Las relaciones entre los diferentes  estamentos sociales y, al mismo tiempo, la opresión de la población rural por los cabecillas locales se ven caracterizadas en la penosa labor de los campos (sin cría de ganado mayor) como precaria base para lograr el mínimo para la existencia (economía de subsistencia). Debido a los condicionantes económicos, la sociedad se articula y se diferencia en dos grupos, los pudientes y el resto de la población, con sus propiedades y sus familias en dimensiones   variables. Las relaciones de dependencia o de fuerza operantes en estos casos se ponen de relieve fundamentalmente en la guerra o en las frecuentes querellas jurídicas que ensombrecen la vida cotidiana". [3]

De acuerdo con Barceló y Hernández, Hesíodo no estaba en la pobreza absoluta; pero en la circunstancia, en esa división social en dos clases principales, no quedaba dentro de los pudientes y se comprende que desconfiara de los basilesyn pues de ellos dependían los fallos en asuntos delicados, como el reparto de tierras y cabía la posibilidad de que fueran sobornados por gente inescrupulosa como su hermano Perses. Nótese la ironía: “aunque sean sabios”. El problema político en este contexto no es que gobernaran los pequeños reyes, sino que dejaran de atender a la sabiduría. ¿Puede ser sabio un rey que se deje sobornar?  Pregunta pertinente por la ya referida situación económica, política y de las instancias jurídicas.   

Tras aclarar que Perses no es uno de los reyes, hay que ver cómo lo presenta Hesíodo: codicioso y perezoso. Aun más, quiere enriquecerse sin tener que trabajar. Es prepotente y soberbio, lo cual añade rasgos desfavorables ya que la desmesura o soberbia (hybris) es una mala inclinación que podría esperarse de los reyes; pero, incluso éstos no deben fomentarla, “pues mala es la soberbia para un hombre de baja condición y ni siquiera puede el noble sobrellevarla con facilidad cuando cae en la ruina, sino que se ve abrumado por ella”. [4] La fábula es, entonces, cuestionable. Podría indicar algo así como un derecho de los hombres más fuertes para someter a los débiles. Y eso es riesgoso, cuando no sea comprendida. Es extraña y, como se problematizó desde el inicio, parece contraproducente porque (a primera vista) Hesíodo está justificando el abuso de su hermano y de los pudientes basileisyn. De ser así, no estaría mal el despojo por medio de la alianza con ellos y mediante el soborno y la intriga o la violencia Perses podría abusar impunemente.

Al final, el relato no es contraproducente. Es (como diría Emilio Uranga,) una astucia literaria, porque, tras contar la fábula, Hesíodo se dedica a describir los premios y los castigos a los mortales, según sean justos o injustos. Por esta vía, aporta algo que es relevante para muchos temas, especialmente para distinciones filosóficas. Con mayor exactitud: ónticas. ¿Cómo hacer la distinción entre entes? Hesíodo lo hace por una nomotética (término de cuño kantiano, tomado de la Crítica del Juicio). Es decir, mediante una tipificación de la legalidad.

La tesis en este punto es que la legalidad hace la distinción. Lo destacable de la fábula es que da un vuelco de carácter nomotético, porque el poeta no es exactamente un ruiseñor, ni los reyes son halcones. En general, los hombres no deben conducirse por la misma ley de las fieras, que devoran a los pequeños: “Oh Perses! Grábate tú esto en el corazón; escucha ahora la voz de la justicia y olvídate por completo de violencia. Pues esta ley impuso el Cronión: a los peces, fieras y aves voladoras, comerse los unos a los otros, ya que no existe justicia entre ellos; a los hombres en cambio, les dio la justicia que es mucho mejor".[5]

Zeus es el Cronión, Crónida o hijo de Cronos al que se refiere Hesíodo atribuyéndole el decreto de cómo debe ser el halcón, rapaz; pero subraya que los hombres deben vivir conforme a otra ley. Esta diferencia es justificada por medio del mito de Prometeo y Epimeteo, que es el mismo relato usado por Platón en su diálogo que se conoce como Protágoras o de los sofistas;  aunque aquello sea en el marco de una discusión más laboriosa, sobre si la virtud puede o no ser enseñada.

El encargado de repartir dones entre los animales fue Epimeteo, (esposo de Pandora, la mujer que tiene todos los dones). Él distribuye malamente aquellos regalos, porque uno de los animales (el humano) había quedado con las manos vacías, lo cual le hacía más vulnerable que cualquier otro ser. Prometeo fue quien se encargó de solucionar esta carencia con el fuego que había hurtado al Crónida para dárselo a los hombres. El nombre de Metis hace referencia a la sabiduría y la racionalidad que Hesíodo reclama de los reyes (aunque la palabra usada en le fábula es frone/ousi, de modo que los basileisin debían ser frónesusi) y, sobre todo, hace notar la separación entre  hombres y otros animales porque el primero debe aprovechar otro regalo —esta vez de Zeus— la Diké, o sea, la Justicia. Por ella, el ser humano es distinto de los otros animales. Desde luego, no se trata de la solución sino del inicio de los problemas filosóficos. ¿Qué es la Justicia?; ¿es natural o mera convencionalidad?; ¿viene de los dioses o la hacen los hombres?

Los problemas con este tema atañen tanto a su significado como a sus fuentes. Si contiene algo, ¿cuál es ese contenido? En el contexto de la querella hay una petición muy concreta: que se le dé  lo  suyo, su parte de las tierras labrantías. De manera que la justicia implica orden y algo más, el respeto a la propiedad.

En cuanto a su fuente, Hesíodo la piensa trascendente, en el sentido de que está más allá de los reyes. Si han de procurar justicia, si han de darle lo suyo, no es porque quieran sino porque es un decreto del dios.  Lo cual suscita preguntas, ¿cómo lo sabe?; ¿en qué basa su concepción de esa fuente? Se basa en los mitos griegos. Pero, ¿acaso esos mitos no son sino otras tantas fábulas? No. No es lo mismo mito que fábula. García Gual dice que el mito es “una narración memorable y tradicional”. Pero, ¿no serían igualmente recordables o recuperables del pasado algunas fábulas, como las de Esopo o la Fontaine?  Cuán complejo es el tema abordado aquí, por las dificultades para definir entre lo que, quizá, sólo sean diversos tipos de fabulación o, en el peor de los casos, habladurías.

También adviértase que el fragmento no tiene la palabra mython sino ainon. Esta vez la etimología no ayuda mucho, porque tal palabra significa solamente hablar de algo, cuando mucho es aconsejar o alabar (ainéoo). De ahí su traducción como fábula, vocablo de origen latino; pero algo similar sucede con tal sustantivo cuando es un verbo infinitivo donde se sustituye la f por h: hablar. Eso sí, posteriormente se fue definiendo el género narrativo de las fábulas y en este ejemplar de Hesíodo está la nota característica: son los animales los que fablan.

A la dificultad hay que sumar lo que ocurre con la palabra mito, cuando se detecte que algún otro fabulador es un mitómano. Más de uno puede ser un mentiroso compulsivo, hablador o, valga la redundancia, un maníaco de la inventiva. Pero, no todo mito es mentira (nótese que Hesíodo no usa aquí la palabra falsedad [yeudea]). El poeta dice la fábula y en ésta hablan los animales como si fueran personas. Pero esta fantasía le sirve para algo, para hacer más eficaz la apología dándole un vuelco al relato. Se destaca ese vuelco de ciento ochenta grados, ese decir lo diametralmente opuesto a lo que parecía inicialmente para hacer lo que más le convenía dentro de la lamentable querella con su hermano.

Es tentadora la conclusión de que las fábulas únicamente son habladurías, pues, en verdad, son fantásticas ya que usan animales como protagonistas; pero es igualmente verdad que suelen ser buenas comparaciones y, sobre todo, pueden servir para dar consejos. Por otra parte, la taxonomía zoológica familiariza todas las especies animales y con ello contribuye a la confusión. Pero, el poeta de Ascra plantea que son otras las leyes que rigen al ser humano; por lo tanto es otro tipo de ente. De esta manera, él no se entrampa en la parte del texto que puede ser considerada como mera fábula. Es de la propia cosecha.

OBRA CITADA.
[1] Trabajos y Días, 205-210. Traducción de A. Jiménez y A. Martínez. En adelante su abreviatura será Td.
[2] Hay otra versión de la fábula del halcón y el ruiseñor, es de Esopo. El halcón obliga a cantar al ruiseñor como condición para no ser devorado. El cantor se esfuerza al máximo; pero el ave rapaz dice en este caso lo siguiente: "Amigo, no cantas bien" (Esopo, 2003, XLVII). El halcón está tan concentrado en atacar a sus presas que, a su vez, resulta sometido por otro cazador. Se trata de un hombre que estaba al acecho. De aquí se extrae una moraleja bastante clara: si tienes enemigos, entonces cuídate de ellos. El imperativo hipotético es válido porque conviene estar alerta en situación de guerra. Lo importante es que ambas versiones responden a una situación histórica en que la rapacidad de los halcones señala, en efecto, al grupo social de los basiléis.
[3] Barceló, Pedro, D. Hernández, Historia del pensamiento político griego, p. 66
[4] Td, 275.
[5] Idem.