jueves, 19 de febrero de 2026

 




Sinopsis

Usted podrá encontrar aquí:

- Grasas para rodamientos

- Sustancias y accesorios

- Ontología en overol


ONTOLOGÍA SOBRE RUEDAS

I

Lo que diré vale para cualquier vehículo. Puede tratarse de avionetas, barcos, camiones, automóviles, motocicletas, hasta los triciclos de niños y de los panaderos. Todos pueden suscitar preguntas ontológicas. 

     Me concentro en las bicicletas por su sencillez mecánica y porque yo mismo he ensamblado más de una docena desde, casi, la nada, comprando y colocando sus ruedas, su frame o cuadro, sillín, cadena, desviadores, pedales, pasando -a saber en qué punto- de lo substancial a lo accidental.  Si Aristóteles observara mi labor, yo podría preguntarle: ¿Cuándo es suficiente para decir que terminé de fabricar la bicicleta? Digamos, ¿cuándo está realizada?


II

De acuerdo con el Estagirita, toda operación tiende a algún télos, algún fin, así como el propósito de un strategos es la victoria. La pregunta de hasta dónde será suficiente el ensamble de elementos para realizar una bicicleta tendría que formularse así: ¿ha alcanzado su fin?

         Tras colocar las piezas en su sitio, confirmo que están bien coordinadas, como medios para sus respectivos fines, en cada sistema, o sea, que los pedales mueven la bielas con su estrella y que ésta mueve la cadena y que todo ello sirve al fin general de una "transmisión" y que finalmente sirve para echarla a andar y que, por otro lado, el sistema de frenos evita un fatal percance. Así, con este sistema de sistemas juzgaremos que la bicicleta funciona, que logra su finalidad general, su télos, como diría Aristóteles, en la Metafísica o Filosofía primera. Eso es lo substancial, todo lo demás (pegatinas, por ejemplo) es accidental. En sentido estricto, es accesorio.

 

III

El vehículo que alcanza su finalidad es funcional, mientras la cumpla. Las averías, una vez diagnosticadas, revisando sus medios y fines intrínsecos, pueden ser arregladas. Ésta es la lógica de toda reparación, de toda compostura.

         Vayamos un poco más allá: si un vehículo es reparado muchas veces, de manera que sea compuesto por puras refacciones, entonces, ¿sigue siendo el mismo (Latín: Idem)? Ésto de la sustancia se relaciona con la identidad (mismo ente) y no es un problema mecánico, sino filosófico. Es el tema de la bicicle…digo, la nave de Teseo.


IV

Los problemas mecánicos pueden resolverse eficientemente, con refacciones, herramientas adecuadas y habilidades manuales. Las bicicletas que funcionan, o cumplen con su fin con el hecho de rodar, pueden enfrentar múltiples problemas, no sólo descomposturas, sino de seguridad en la circulación misma, por la amenaza de vehículos más pesados y veloces que lleguen a arrollarlas. En este caso, quienes han de encargarse de resolver suelen ser otros agentes: los urbanistas.

         En cambio, los problemas filosóficos como el de la nave de Teseo no se resuelven, se responden. No a la manera de la mecánica y el trazado de ciclovías.

 

V

Armar posibilita desarmar; componer, descomponer. Si  desarmamos una bicicleta, antes de re-armarla, pensemos: ¿qué pasa con su identidad?; ¿dónde está su substancia?

         ¿Está en las ruedas?; ¿en la cadena? Tal vez en el frame, porque el armazón es donde se unen todas las piezas; pero no. La Substancia está en el Entendimiento, es el testigo de que es la misma bicicleta; a pesar de sus cambios en el tiempo.

 

VI

El entendimiento es el testigo de la sustancialidad, porque es una facultad que impone enlaces lógicos y la categoría o concepto de eso, la substancia; pero  es un concepto puro, porque no depende de la experiencia y ninguna cosa real llega a agotarlo. Me hace pensar que hay un mismo ente, que hay identidad, pues, a lo largo del tiempo y pesar de los cambios. La nave de Teseo es la misma siempre y cuando haya un ser inteligente como testigo.


VII

No, no para ahí la cosa. Aristóteles dice hypokéimenon (ὑποκείμενον) para la substancia como lo que sub-yace. Incluso, antes de las raras reformas gramaticales que se notan en los auto-correctores de las computadoras -como la que estoy usando ahora mismo- se escribía sub-stancia, no sustancia. 

      Otra complicación es que el prefijo sub de lo que subyace justifica el sesgo meta-físico, pero, el Estagirita también dice substancia como ousía (ούςία) ya no de un sustrato metafísico, sino de subsistencia, originalmente la de un terreno, o predio, que sea el mismo lugar, a pesar de que sobre él se edifique o se demuela un templo, una casa o un taller. En efecto, siempre que voy a un lugar, es el mismo; aunque sufra muchos cambios. Entonces, no todo lo sustancial es tan misterioso, u oculto. Tiene mucho que ver con lo "terrenal".


                                                         VIII

A pesar de su oposición al aristotelismo, el dualismo cartesiano hace algo con la substancia (res),  tanto como hypokeímenon (por ende, metafísica) como ousía, lo terrenal, mejor dicho, la espacialidad, pues una es la substancia pensante (res cogitans) y otra, muy distinta es la substancia "exterior" (res extensa). 

            Si Cartesio dijera que sólo existe la substancia pensante, se quedaría en el idealismo y, lo que es peor, el subjetivismo y, peor aún, el solipsismo. De manera, que tampoco yo digo que la substancia sólo es la inteligencia como testigo.


                                                          IX

No todo idealismo confiere realidad sólo a las ideas, o a la  substancia pensante y la pensada, contemplada por el entendimiento puro. También hay idealismo trascendental,  o sea, criticismo kantiano. Aquel que examina las condiciones de posibilidad para, en este asunto, usar el concepto de Substancia.

         Siempre falta por saber qué son las substancias que no sean ideas y conceptos, aquello que no quede en el sujeto pensante, sino la substancia extensa, dicho en términos cartesianos, (de las Meditaciones metafísicas, sexta); pero (en la Crítica de la razón pura, BXX) Kant habla de algo más desconcertante: la cosa en sí (Ding an sich). ¿Las cosas; pero con independencia del sujeto pensante? Sí, las cosas mismas; sin el testigo.

    El gran problema de la cosa en sí consiste, básicamente, en que es incognoscible. Lo único que puedo conocer son los fenómenos, es decir, las cosas tal y como aparecen en el espacio y el tiempo y, lo más importante y crítico para este tema: la substancialidad tiene uso sólo en la experiencia. Eso si no quiero especular metafísicamente y hacer teología.

 

X

Las disputas teológicas, de la racional de la revelada, pretenden determinaciones de lo divino. Si nada es dado en la experiencia, ¿cómo hacerlas, en cantidades o en cualidades o atributos? 

Aquí hablo de bicicletas. Por ello no me incomoda el criticismo; al contrario, propone un tipo de humildad que es recomendable, porque acepta límites y, todavía más: es disciplina de la razón. Esa humildad es la epistémica. Me limito, pues, a hablar de esas sustancias en el  marco de la mera experiencia.


XI

Además de Kant, la crítica a la metafísica especulativa es empirista, como lo hace Hume en este tópico de la sustancia. El escocés me aconsejaría pedalear en paz, ya sea en días soleados o bajo la lluvia; mas nunca esperando una lluvia de ángeles.

         Así lo hago, vivo en paz mental, lindando la ataraxia, no sólo porque pasear en una bike es agradable; también porque voy pensando en todo ésto; pero sin agobiarme. 


                                                          XII

Digo que la substancialidad puede recibir un trato más ontológico que metafísico; aunque muchos filósofos confundan los términos. Ya desde la pre-crítica hay diferencias, como la clasificación Wolffiana de la filosofía: una es la metafísica generalis, que se ocupa del "ente" y "cosas en general", otra la specialis, cuyos temas son los que suscitan especulación en cuanto trabajan con la substancia: Dios, alma y mundo. 


XIII

Al manipular las piezas con que se ensambla una bicicleta, tanto las partes nuevas como las viejas, averiadas o gastadas, sencillamente no puedo negar que sean entes independientes de mi pensamiento o que sean reales cada una de ellas. Tan reales como el óxido que las consume. A diferencia de una aplicación teológica, en la que trate de determinar cantidades a la substancia divina: ¿es única o son muchas, infinitas? Ni Spinoza ni Leibniz me tientan como antes, antes de examinarlas. 

 

XIV

Las refacciones cromadas y las oxidadas entran en aquello que llamo lo real, no sólo porque sea lo que aprendí al hablar el idioma español, sino porque el artículo indeterminado “lo" es una herramienta tradicional para estos menesteres, así como el sufijo “idad”, en cuanto se trata de abstracciones. Nada más hay que estar en alerta de que son eso: separaciones intelectuales, consideraciones aparte de lo experimentable.

         El entendimiento pone la substancia como concepto puro; pero hay algo que llega a mí como lo real en el espacio y el tiempo, eso es lo que digo cuando digo realidad, mientras el viento agita mi barba y lo poco que de mi cabello subsiste.


Luis Urbina


lunes, 22 de septiembre de 2025

 




                            HOMERO Y LA MUSA


En la Ilíada hay una parte que se conoce como el catálogo de las naves, donde Homero es prolijo, demasiado, al enunciar los barcos y comandantes que asediaron Troya. Tedioso, inútil, de no ser porque sirve al rapsoda para crear un efecto en quienes lo escuchan: que crean lo que dice; pues no vio la guerra que relata, ni se lo contaron otros poetas; aunque lo hubiera visto, ¿cómo podría recordar con tal minuciosidad el catálogo? Puede, gracias a la musa.  



sábado, 20 de noviembre de 2021

El Pantokrátor que pintó Diego Rivera



 

RESUMEN.  Denominamos Pantokrátor a un mural de la Ciudad de México. Es un icono religioso; pero pintado por Diego Rivera. ¿Por qué hizo una imagen teísta, a pesar de su ateísmo declarado?

 

Dedicado al Arquitecto Jorge Legorreta R.I.P. 

                 

 


                                 PRÓLOGO


El  Palacio de Bellas Artes exhibe una obra pictórica que tiene muchos nombres: “El mural Rockefeller”; “El hombre en la encrucijada” o “El hombre en el cruce de los caminos”; y “El hombre, controlador del universo”. Para éste último hay una pequeña modificación, pues en la cédula museográfica dice: “El hombre, contralor del universo”. Todos son más o menos adecuados a su contenido. Especialmente el último de la enumeración. Aquí se hace la propuesta de que, en el fondo, es un Pantokrátor; pero pintado por Diego Rivera.  

 

¿Por qué añadir a la nomenclatura ya numerosa? No se trata de añadir, mucho menos de sustituir. La propuesta no es que se adopte otro nombre, eso sería desproporcionado a una exposición como ésta. Lo que sí permite tal vocablo, pantokrátor, es un trabajo iconológico. No la simple  descripción que se limite al nivel iconográfico, mirar e identificar, sino ver y columbrar, es decir, observarlo y pensarlo detenidamente. 


Para ello se aplicará cierto método: el de Erwin  Panofsky. Comenzará por lo pre-iconográfico, que es básicamente la reseña o el recordatorio de pormenores en los nombres del mural; después la iconografía, en tanto es la descripción de algunos elementos de la composición pictórica. Pero esos dos pasos son apenas el preámbulo de la iconología, como se verá.


El primer nombre del mural consigna una serie de hechos escandalosos, que ocurrieron poco antes de su realización en el Palacio de Bellas Artes, en 1934. Rivera lo hizo primero en New York, Radio City,  en 1933, y por encargo del propietario de aquel inmueble; quien terminó por mandar su destrucción, de ahí lo del “mural Rockefeller”.

 

El segundo de los títulos enumerados es, casi, el original, siempre vinculado a la familia Rockefeller. “El hombre en el cruce de caminos” (The Man on the Cross Roads) era la temática que encargó y pagó Nelson, el propietario. Corría el año de 1932 cuando Abby, su hermana, invitó al muralista mexicano a algunas fiestas de cocktail. Admiradora del pintor, consideró que él aportaría mucho al patrimonio familiar, en su RCA Building.  Explícitamente le comisionaron un muro del lobby (de 5 por 18 metros, aproximadamente) que representara con optimismo el futuro de la humanidad. El título inicial era tan largo como el siguiente: “Man at the Crossroads Looking with Hope and High Vision to the Choosing of a New and Better Future”.  

 

Rivera bien pudo limitarse a cumplir con la idea de esperanza (Hope) y ornar una parte del conjunto arquitectónico que enorgulleciera a esa familia. Tal como lo hizo finalmente otro pintor, José María Sert, con su mural de 1937; que ya no refiere al "hombre" en general, sino a “El progreso norteamericano”. Pero el muralista mexicano interpretó todo de una manera muy diferente, por medio de ciertos emblemas políticos que se verán renglones más abajo.





Sobre la composición del mural, tiene la continuidad de un solo tablero. Por ser simétrico puede dividirse en dos; pero también es un tríptico debido a dos pilares del Palacio de Bellas Artes, que interrumpen la visión desde lejos. En este caso se puede constatar aquello que los muralistas llaman integración plástica, que es la armonía entre la pintura y la arquitectura. 


En el centro está un hombre vestido de overol, por lo que se infiere que es un obrero. Ambos lados están llenos de personas, algunas que son reconocibles. Se trata de Trotski;  Ataturk; Engels; Marx; Lenin; Rockefeller, Darwin. 


Una vez identificadas esas personas, hay que dejar atrás la pre-iconografía y trabajar más detalladamente la iconografía. Este paso también es muy sencillo, porque se irán comparando los retratos que Rivera hizo de esos personajes con algunas fotografías que, por fortuna, todos ellos se tomaron y son de dominio público. Después habrá que hacer lo que Panofsky llama iconología. 


                                                       

                                                       I

                                          ICONOGRAFÍA



Hay que dejar claro el corte metódico: a) Localizar los iconos, en este caso los retratos, más representativos de una multitud pintada en el mural.  b) Citar algunos de ellos, para saber por qué están ahí.





L. Trotski




Ataturk




F. Engels


a) En el momento de comparar los retratos y las fotografías es innegable la habilidad del pintor. También se puede decir mucho de cada uno de ellos, los retratados; por ejemplo, que el verdadero nombre de Trotsky es Lev Davidovich Bronstein; quien fue acogido de su exilio por Diego Rivera y que el nombre original del turco es Mustafá Kemal; pero lo más significativo es aquello que dijeron, o sus planteamientos, como  si al retratarlos, Rivera los estuviera citando textualmente. De igual manera, hay que citarlos aquí.  Se escogen nada más que tres para no hacer tan tediosa la exposición. Se hablará de Marx, Lenin y Darwin. 


b) Es muy famosa una frase de Marx : "La inquietud religiosa (...) es el opio del pueblo" (1). 






K. Marx

En este tema, ¿qué dijo Lenin? "Es necesario dar a (...las) masas el más variado material de propaganda atea, hacerles conocer los hechos de las más variadas ramas de la vida (...) sacudirlas en todos los aspectos, a fin de despertarlas del letargo religioso, empleando, para ello, los más distintos procedimientos". (2)

 




Lenin


Marx da su conclusión sobre las religiones en general que, según el contexto de la cita, son adormecedoras a la manera de estupefacientes. El otro  discurso, de Lenin, es un exhorto, surgido de esa teoría marxista,  un llamado a la acción, a la praxis. También al combate; a la militancia; pero no sólo para la toma del poder político por parte de los comunistas, que lo hicieron realmente en Rusia con un golpe de Estado en 1917, sino para algo más: promover oficialmente dos posturas filosóficas asociadas al comunismo: el materialismo dialéctico y el ateísmo. Como se nota, su militancia es más amplia que la directamente política. No se limita al cambio de la estructura social; dirige sus ataques hacia la súperestructura. Esta dupla filosófica que, finalmente toma la forma de ideología, fue llamada por Lenin materialismo combativo y ateísmo militante.

 

También Rivera se ostentaba como comunista; materialista combativo y ateo militante; como quería Lenin y, lo más relevante, su actividad muralista fue uno de los distintos procedimientos de eso que el ruso quería, la  propaganda ideológica. Aquí no se llama a escándalo por tales temas, tampoco se trata de ofrecer a cambio el capitalismo; el idealismo y el teísmo, respectivamente. Lo que se trata es de hacer iconología, con lo cual se entiende enunciar el trasfondo del mural en cuestión. Nada de malo hay en el ateísmo. Cuando mucho se invitará a pensar si el de Rivera es o no consecuente y si la creencia que promueve es viable o no lo es. 

 

Lo prioritario es la presencia simbólica del bolchevique, su figura en el retrato, porque sirve para explicar iconológicamente la reacción destructora de Rockefeller. Ese retrato del bolchevique ya figuraba desde la primera versión del mural. El propietario del muro no lo toleró, porque era su enemigo de clase y le ordenó a Rivera que lo borrara. Él no quiso. Aquél montó en cólera y mandó su destrucción. 


Todavía más, en este hilo de acontecimientos la destrucción reactiva y represiva sirve para entender algo de la segunda versión, en la Ciudad de México: el pintor incluyó un retrato del magnate. Tiene el detalle de unas espiroquetas, pintadas arriba de la cabeza de Nelson a manera de venganza como diciendo, maliciosamente, que tal sujeto padecía alguna enfermedad, específicamente la sífilis, la cual en ciertas etapas provoca problemas mentales. La familia patrocinadora del primer mural era, para Rivera, el emblema de un mundo enfermo y por ello lo representa como frivolidad coctelera y bailadora, que es el ambiente en donde los pintó. ¿Cómo explicar esa crítica puritana? Como se verá, sólo será explicable bajo la luz de conceptos marxistas-leninistas: la lucha de clases y el sujeto histórico que, supuestamente, vencería en el conflicto.






Nelson R.

Según Diego Rivera, el mundo se dirigía hacia la sociedad comunista, in crescendo. Es un telós o finalidad que atribuía a la Historia. En otras palabras, esa era su versión del Hope and a High Vision of the Man. Ese era el ineluctable progreso, aparentemente.  Pero, con todo y su ateísmo, declara su fe; sólo que puesta en un sucedáneo de la religión: la ideología, que en esta caso es el comunismo.

 

Otro retratado no tiene tanto que ver con la militancia atea; no directamente. Es Darwin. Se encuentra debajo de una estatua manca. Alguien cortó sus manos. ¿Su mutilación es significativa?; ¿la atacó el sujeto del retrato? No, él no trae un mazo en las manos porque no es un hombre de acción, específicamente destructora, sino un biólogo, un “naturalista”, como prefirió decirlo. Se limitó a señalar algunos animales y plantear que el ser humano no fue creado, en el sentido de que alguien lo formó tal y como es ahora, poco peludo y erguido. Porque eso es otra cosa, es lo que supone todavía el creacionismo.




Darwin


La estatua es esa doctrina, la creacionista, que queda mutilada, ya no puede maniobrar o manipular, sino torpemente, desacreditada como está. 




El evolucionismo básicamente plantea que la especie humana ha cambiado a lo largo del tiempo. Darwin se distingue porque aportó una explicación del proceso evolutivo, mediante la selección natural, “según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma”. [2]   

Rivera interpretó el materialismo combativo como divulgación de la ciencia, porque ésta apoyaría teóricamente su obra y su ideología. Se puede decir que por vía del materialismo profesaba también el cientificismo. De hecho, todos los comunistas presumían de que el materialismo dialéctico era "científico" y que superaba no sólo a la teología, sino a todas las filosofías "burguesas", idealistas y empirio-criticistas, como diría Lenin. Pero ese no es el mayor defecto, el supuesto cientificismo de los marxistas, sino la errática manipulación del icono, Darwin, por parte de Rivera, porque no es coherente con el mínimo de una aplicación de su naturalismo a las ciencias sociales (diríase un darwinismo social); ¿cuál es mensaje político?; ¿acaso, la supervivencia de alguno y la extinción de algún otro? 

En el centro de la composición está el ya mentado hombre de over all, es un obrero y no es identificable con alguno de los líderes comunistas, porque Rivera lo hace representar algo más amplio, esas masas a las que se refirió Lenin, en otros términos, más técnicos de la economía política: al proletariado, todo aquel sujeto que no es propietario de los medios de producción y sólo tiene su prole, sus hijos; pero no hay retrato del “proletariado", así en abstracto y así en masa. Había que retratar a alguien, a un hombre de algún lugar y con alguna fisonomía. Rivera eligió a un caucásico, un hombre blanco; tal como lo era  Lenin; Trostski o Stalin, porque el pintor tenía los ojos puestos en la Unión Soviética. 




                                                              II

                                                  ICONOLOGÍA


Todo lo expuesto hasta aquí parece incompatible con el planteamiento básico: que Rivera pintó un pantokrátor. Se usa un vocablo compuesto y de origen griego, al que se traduce como “controlador de todo”, “todo lo gobierna” o "todo poderoso". 


Empero, pertenece a una cosmogonía y cosmovisión que no son griegas, sino hebreas. Viene desde el Antiguo Testamento.  Aquello que los griegos llamaron Krátos, los hebreos lo atribuyen a su Dios, el único, el de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Como se advirtió, Pantokrátor es adecuado al nombre del mural “contralor del universo”. Pero, en la versión del materialista y atea militante ¿quién o qué controla a la totalidad?, ¿sigue siendo asunto religioso? Sí; pero en lo que se puede entender como un proceso dialéctico, que va desde el proselitismo cristiano hacia la ideología política.

 

Antes de la inmersión en los temas teológicos, filosóficos y políticos revisemos los iconos, dicho ésto en el sentido tradicional, en el marco de la historia del arte. Cada pantokrátor que hay en el planeta es una pieza pictórica. Puede ser un mural o un retablo, incluso un pequeño tablero. 





Es un icono propio de la pintura bizantina y románica, identificable de dos maneras. Una de ellas es la del Jesucristo que bendice a sus fieles desde el centro  de una mandorla que, en italiano, significa almendra y es la forma de una aureola; pero no limitada a la cabeza, sino que cubre la totalidad de su cuerpo, rodeado por los ángeles del toro, del águila, del león y un cuarto serafín. La composición visual suele ser de perfecta isometría. 


 



Hay otra manera de representarlo. Es un icono más sencillo, porque consta de una mano bendiciente; que puede ser tanto del dios padre como del hijo.





Básicamente, en lo semiótico, el icono bizantino es un resumen o, mejor dicho, una sinopsis — para reservar a otros momentos la palabra síntesis como término filosófico—  de un concepto teológico: el teísta, que caracteriza al judeo-cristianismo en general, que imagina a su dios como una persona.  


El icono del pantokrátor que es más prolijo tiene un hombre en el centro y las cuatro figuras alrededor. ¿No son dioses también? No. Ya se dijo que son ángeles (mensajeros) o, para ser más exactos, son serafines, según la iconografía cristiana cuyas fuentes son bíblicas. Lo cierto es que el icono en cuestión, del pantokrátor, acota las posibilidades. Hay que descartar el politeísmo; griego; romano; nórdico; etc.


Se trata, pues de un dios que, en el supuesto, lo controla todo. Claro que se puede insistir: ¿No son tres dioses; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, según el misterio trinitario? No. En este caso, la pluralidad de dioses es aparente, como explica Tomás de Aquino, porque el cambio de persona no es transeúnte. Es el mismo dios y a fortiori es único. Por muy variado que sea su fundamento teológico, el dios del monoteísmo impone unidad causal y substantiva. La causa eficiente es entendida como creación, es el creador del mundo en tanto sea su causa primera.  


El pantokrátor es el icono que coloca al dios único en el centro de la composición pictórica. Es la representación inequívoca del monoteísmo y apenas permite salir de la cultura hebrea. Sin embargo, también hay  una tradición teológica desde el paganismo y la filosofía de algunos griegos, especialmente Aristóteles, porque tiene afinidades con el monoteísmo, que se enumerarán rápido para los fines de la exposición. 


El Estagirita propone un dios como acto puro. La consecuencia teológica es clara, pues el dios debe ser uno solo, porque todos los demás entes son potencia y acto. De ahí su afinidad con el tomismo. Básicamente, es aristotélico. Es una síntesis entre filosofía griega y religiosidad judeo-cristiana. 


Las enumeradas posibilidades filosóficas que son afines al monoteísmo, específicamente cristiano, permiten profundizar el análisis del icono llamado Pantokrátor, al ser el tema de la representación visual. Hasta aquí llega el trabajo iconológico. El que sigue excede al método de Panofsky, será crítico. 



III

¿NO HAY MÁS RUTA QUE LA SUYA?


 

El ateo del tipo riveresco se dice militante; tener otra creencia. Él es beligerante, le gusta la batalla ideológica, en lo cual se parece a Siqueiros, otro creyente del comunismo; uno trotskista y el otro stalinista, ¿cuál de los dos es más dogmático? 


Si le preguntáramos a Jorge Cuesta, temprano crítico del muralismo, respondería que Rivera no es el más dogmático de los dos militantes. Ello se debe a una incapacidad, la de arriesgar la vida por sus, supuestas, ideas, ¿por qué? porque fue, más que nada, un pintor académico. Lo cual implica que no estaba dispuesto a morir por la revolución. Igual hubiera pintado iconos religiosos de haber vivido siglos antes. La crítica de Cuesta es muy atinada.


También es verdad que, al presumir que era un ateo militante, Rivera asumió el deber de negar al dios; pero su negación hace referencia de eso, el teísmo y sus determinaciones conceptuales. De ser así, hay dialéctica.


En el materialismo dialéctico, o combativo, de Rivera hay un tipo de idealismo, el absoluto de Hegel. Se nota en el pensamiento de Marx y Lenin. No es todo lo que hay; pero es un ingrediente de importancia. Éste último reconoce que su marxismo se basa en “el modo como Marx aplicaba la dialéctica de Hegel, concebida de un modo materialista” [4].

 

Algunos marxistas reconocen la propuesta hegeliana y la toman como una de sus fuentes o partes (las otras dos son el socialismo francés y la economía británica, reconocidas también por el propio Lenin) en su visión de la Historia. Pero, esa dialéctica es francamente especulativa. ¿Será, por ello una metafísica dogmática?


No, no es una especulación dogmática; pero es una sólida especulación. ¿Qué significa eso? Significa principalmente el concepto hegeliano de lo verdadero y permite ubicar al cristianismo como figura dialéctica,* la razón desventurada. 

 

Ya lo indicaba Salazar Mallén. El marxismo es tan metafísico como el hegelianismo. ¿En qué estriba el parangón? En la dialéctica que, en ambos, es especulativa. Sólo que en la versión marxista es otra la acepción, otro el motor de la historia y otro el sujeto. El motor es la lucha de clases, así como la partera es la violencia, en la versión marxista de la dialéctica; que también es crítica, ¿cómo no lo sería?, tanto del idealismo como del materialismo precedente, como el de Feuerbach, de quien, sin embargo, retomó la postura atea. En este aspecto, el marxismo no cae en la ingenuidad; al no aceptar al Geist; aunque sí por su versión del sujeto histórico, como se verá a continuación.

 

Grandes trazos especulativos, propios de toda filosofía de la historia. Efectivamente; pero asimismo es de largo alcance el marco requerido para el análisis de algunas obras artísticas, como la del pantokrátor que pintó Diego Rivera. Su versión lo contiene en las dos maneras ya referidas, como la mano sola y como cuerpo humano, casi completo e imponente. Hay que decirlo reconociéndolo, con mayor fuerza expresiva y monumentalidad que el icono bizantino.

 

Desde luego —y para evitar el anacronismo—, en América no hubo período románico ni bizantino y los murales más prominentes y de monumental calado no están en el ábside o en las pechinas de una catedral, sino en edificios gubernamentales o públicos, en general y, en especial, como el Palacio de Bellas Artes. Además, la temática suele ser la del nacionalismo revolucionario, con las consignas socializadoras; ateas, anticlericales (donde cabe Orozco, aunque no en la militancia comunista) o, mínimo, laicas. Con esa línea, los murales debían estar muy lejos del teísmo, salvo éste, de Rivera ¿Cómo?; ¿hizo una imagen teísta a pesar de su ateísmo declarado? 


Sí, como se ve, la hizo; aunque respondiendo a la ya señalada negatividad, determinada, propia de la dialéctica, ¿para qué? Para colocar su versión del sujeto histórico; pero ya no entendiéndolo como la substancia única o absoluta que se despliegue en la Historia, sino como el advenimiento de un liderazgo político, o la "vanguardia" de alguna clase social. 


En la señalada síntesis, entre la pintura de inspiración teísta y la atea, lo primero es que esta se asuma como lo que es, negación y, si alguien pregunta por la importancia de este percatarse, se le diría lo que puede pasar desapercibido: es una apropiación ideológica del icono religioso.

El sujeto histórico ya no sería un individuo sobresaliente a la manera positivista, como Darwin o algún otro "burgués"; aunque también la burguesía puede pensarse como un colectivo, incluso fue "sujeto" histórico, en el sentido de protagonista de algunas revoluciones. 

Rivera pensó en términos clasistas, claro está; pero también mesiánicos, en tanto que quiso ensalzar el advenimiento del nuevo liberador que era el proletariado ¿No será otra fantasmagoría?

 Pintó al caucásico vestido de obrero, para decir que es un soviético lo que había de colocar en el centro del universo, así como lo colocó en el de la composición con todo y mandorla; pero que en este caso es doble, mediante las dos elipses de largo trazo que representan órbitas de elementos químicos.

 

Era, pues, el proletario soviético el nuevo mesías donde se cruzaban las mandorlas o los “caminos”, con lo cual entendió Rivera: sistemas políticos (comunismo en un lado, capitalismo en el otro) e ideologías o derroteros políticos. Aquí se destacaron esos rasgos ideológicos porque ciertamente darán final coherencia al título de la pintura en cuestión y que justifican tomarla por una versión de pantokrátor. Ella le sirve para lo mismo que la tradicional, para la propaganda, como ya avisó Lenin, y con ello el proselitismo, el ganar adeptos para la causa comunista, materialista dialéctica y atea militante.

 

Sirva recordar el meollo del período barroco. Es lo que sí hubo en México y tuvo la intención contra-reformista, por eso promovió la iconografía religiosa. Algo similar ocurrió antes, en el románico, cuando se propagó la religión cristiana por Europa, aprovechando la infraestructura dejada por el Imperio Romano, lo cual es otra síntesis. No por ello se descarta como factor la fe auténtica de cada pintor, si es que se trata de algún convencido de que hay algún ente que lo gobierna todo. Tal es exactamente el significado del vocablo pantokrátor. Es creer en un rey de reyes. El aspecto político del teísmo.

 

De ahí que el mural de Diego Rivera tenga la estatua manca, porque representa a ese dios, el cristiano; aunque por el estilo clásico de la marmórea pieza también se parece a un dios pagano: Júpiter. En ese caso, la transición del paganismo al cristianismo es esa otra síntesis y apropiación ideológica, por ello tiene el crucifijo en el pecho. Pero ya no está en el centro compositivo, sino desplazada hacia uno de los lados, quedando  marginal.

 

En la sección central de ese tríptico, el hombre ya endiosado no extiende la mano bendiciente. No tiene los evangelios en la otra —lo cual facilitaría identificar rápidamente al pantokrátor— sino una esfera de cristal. No bendice, maneja, mani-pula. Dentro de la esfera cristalina se ven los procesos biológicos, que ya son manipulados en gran parte y desde hace mucho.

 

En conclusión, Diego Rivera dice, con su mural, que no es Dios el pantokrátor. Por eso, el más destacado título de la obra es “El hombre, contralor del universo”. Pero, en serio ¿hay quien sea capaz de controlarlo todo?; ¿cada uno de los fenómenos, sus consecuencias y concatenaciones?  El hombre, o la mujer, solo o en rebaño, lo mismo da, ¿sustituto de los dioses? 


Sin hybris y sin humildad gratuita, formulemos una pregunta radical, a la manera de Nietzsche y Deleuze. 


Si, como propone Rivera, colocamos al ser humano en el sitial del dios, sustituyendo a teocentrismo por antropocentrismo, con ello "¿suprimimos lo esencial, es decir, el lugar?" [5] 


El pintor comunista y cualquiera de sus correligionarios de hoy en día no resultan tan radicales como presumen. Lo es más el siguiente gesto intelectual: ¿Y si decimos No a los esquemas centralistas? Que el centro sea en todas partes y por ello, ninguna.


                              Luis Urbina 



Obras citadas

[1] Marx, Karl, Contribución a la crítica del derecho de Hegel, 1844.

(2) Lenin, Vladimir Ilich, Sobre el significado del materialismo militante, en Pod Známeniem Marxizma, número 3, marzo de 1922.

[3] Darwin, Charles, [1859], El origen de las especies, trad. Antonio de Zuleta, p. 5.

[4] Lenin, op, cit.

[5] Deleuze, Gilles, Nietzche y la filosofía.


Nota

* El problema general del teísmo es, pues, el antropomorfismo, en su multiplicidad imaginativa. Con ella se da la enajenación, en la acepción hegeliana con la figura de la razón desventurada, que pone en otro lo que está en ella misma.