Sinopsis
Usted podrá encontrar aquí:
- Grasas para rodamientos
- Sustancias y accesorios
- Ontología en overol
ONTOLOGÍA
SOBRE RUEDAS
I
Lo
que diré vale para cualquier vehículo. Puede tratarse de avionetas, barcos,
camiones, automóviles, motocicletas, hasta los triciclos de niños y
de los panaderos. Todos pueden suscitar preguntas ontológicas.
Me concentro en las bicicletas por
su sencillez mecánica y porque yo mismo he ensamblado más de una docena desde, casi, la nada, comprando y colocando sus ruedas, su frame o cuadro, sillín, cadena,
desviadores, pedales, pasando -a saber
en qué punto- de lo substancial a lo accidental. Si Aristóteles observara mi labor, yo podría preguntarle: ¿Cuándo es suficiente para
decir que terminé de fabricar la bicicleta? Digamos, ¿cuándo está realizada?
II
De acuerdo con el Estagirita, toda operación tiende a algún télos, algún fin, así como el propósito de un strategos es la victoria. La pregunta de hasta dónde será suficiente el ensamble de elementos para realizar una bicicleta tendría que formularse así: ¿ha alcanzado su fin?
Tras colocar las piezas en su sitio, confirmo que están bien coordinadas, como medios para sus respectivos fines, en cada sistema, o sea, que los pedales mueven la bielas con su estrella y que ésta mueve la cadena y que todo ello sirve al fin general de una "transmisión" y que finalmente sirve para echarla a andar y que, por otro lado, el sistema de frenos evita un fatal percance. Así, con este sistema de sistemas juzgaremos que la bicicleta funciona, que logra su finalidad general, su télos, como diría Aristóteles, en la Metafísica o Filosofía primera. Eso es lo substancial, todo lo demás (pegatinas, por ejemplo) es accidental. En sentido estricto, es accesorio.
III
El vehículo que alcanza su finalidad es funcional, mientras la cumpla. Las averías, una
vez diagnosticadas, revisando sus medios y fines intrínsecos, pueden ser arregladas. Ésta es la lógica de toda
reparación, de toda compostura.
Vayamos un poco más allá: si un vehículo es reparado muchas
veces, de manera que sea compuesto por puras refacciones, entonces, ¿sigue
siendo el mismo (Latín: Idem)? Ésto de la sustancia se relaciona con la identidad (mismo ente) y no es un problema mecánico, sino filosófico. Es el tema
de la bicicle…digo, la nave de Teseo.
IV
Los
problemas mecánicos pueden resolverse eficientemente, con refacciones,
herramientas adecuadas y habilidades manuales. Las bicicletas que funcionan, o
cumplen con su fin con el hecho de rodar, pueden enfrentar múltiples problemas,
no sólo descomposturas, sino de seguridad en la circulación misma, por la
amenaza de vehículos más pesados y veloces que lleguen a arrollarlas. En este
caso, quienes han de encargarse de resolver suelen ser otros agentes: los urbanistas.
En cambio, los problemas filosóficos como el de la nave de Teseo no
se resuelven, se responden. No a la manera de la mecánica y el trazado de ciclovías.
V
Armar
posibilita desarmar; componer, descomponer. Si
desarmamos una bicicleta, antes de re-armarla, pensemos: ¿qué pasa con su identidad?; ¿dónde está su substancia?
¿Está en las ruedas?; ¿en la cadena? Tal vez en el frame, porque el armazón es donde se unen todas las piezas; pero no. La Substancia está en el Entendimiento, es el testigo de que es la misma bicicleta; a pesar de sus cambios en el tiempo.
VI
El
entendimiento es el testigo de la sustancialidad, porque es una facultad que
impone enlaces lógicos y la categoría
o concepto de eso, la substancia;
pero es un concepto puro, porque no depende de la experiencia y ninguna cosa real llega a agotarlo. Me hace pensar que hay un mismo ente, que hay identidad, pues, a lo largo del tiempo y
pesar de los cambios. La nave de Teseo es la misma siempre y cuando haya un ser
inteligente como testigo.
VII
No, no para ahí la cosa. Aristóteles dice hypokéimenon (ὑποκείμενον) para la substancia como lo que sub-yace. Incluso, antes de las raras reformas gramaticales que se notan en los auto-correctores de las computadoras -como la que estoy usando ahora mismo- se escribía sub-stancia, no sustancia.
Otra complicación es que el prefijo sub de lo que subyace justifica el sesgo meta-físico, pero, el Estagirita también dice substancia como ousía (ούςία) ya no de un sustrato metafísico, sino de subsistencia, originalmente la de un terreno, o predio, que sea el mismo lugar, a pesar de que sobre él se edifique o se demuela un templo, una casa o un taller. En efecto, siempre que voy a un lugar, es el mismo; aunque sufra muchos cambios. Entonces, no todo lo sustancial es tan misterioso, u oculto. Tiene mucho que ver con lo "terrenal".
VIII
A pesar de su oposición al aristotelismo, el dualismo cartesiano hace algo con la substancia (res), tanto como hypokeímenon (por ende, metafísica) como ousía, lo terrenal, mejor dicho, la espacialidad, pues una es la substancia pensante (res cogitans) y otra, muy distinta es la substancia "exterior" (res extensa).
Si Cartesio dijera que sólo existe la substancia pensante, se quedaría en el idealismo y, lo que es peor, el subjetivismo y, peor aún, el solipsismo. De manera, que tampoco yo digo que la substancia sólo es la inteligencia como testigo.
IX
No
todo idealismo confiere realidad sólo a las ideas, o a la substancia pensante y la pensada, contemplada por el entendimiento puro. También hay
idealismo trascendental, o sea, criticismo kantiano. Aquel que examina las condiciones de posibilidad para, en
este asunto, usar el concepto de Substancia.
Siempre falta por saber qué son las substancias que no sean ideas y conceptos, aquello que no quede en el sujeto pensante, sino la substancia extensa, dicho en términos cartesianos, (de las Meditaciones metafísicas, sexta); pero (en la Crítica de la razón pura, BXX) Kant habla de algo más desconcertante: la cosa en sí (Ding an sich). ¿Las cosas; pero con independencia del sujeto pensante? Sí, las cosas mismas; sin el testigo.
El gran problema de la cosa en sí consiste, básicamente, en que es incognoscible. Lo único que puedo conocer son los fenómenos, es decir, las cosas tal y como aparecen en el espacio y el tiempo y, lo más importante y crítico para este tema: la substancialidad tiene uso sólo en la experiencia. Eso si no quiero especular metafísicamente y hacer teología.
X
Las disputas teológicas, de la racional de la revelada, pretenden determinaciones de lo divino. Si nada es dado en la experiencia, ¿cómo hacerlas, en cantidades o en cualidades o atributos?
Aquí hablo de bicicletas. Por ello no me incomoda el criticismo; al contrario, propone un tipo de humildad que es recomendable, porque acepta límites y, todavía más: es disciplina de la razón. Esa humildad es la epistémica. Me limito, pues, a hablar de esas sustancias en el marco de la mera experiencia.
XI
Además de Kant, la crítica a la metafísica especulativa es empirista, como lo hace Hume en este tópico de la sustancia. El escocés me aconsejaría pedalear en
paz, ya sea en días soleados o bajo la lluvia; mas nunca esperando una
lluvia de ángeles.
Así lo hago, vivo en paz mental, lindando la ataraxia, no sólo porque pasear en una bike es agradable; también porque voy pensando en todo ésto; pero sin agobiarme.
XII
Digo que la substancialidad puede recibir un trato más ontológico que metafísico; aunque muchos filósofos confundan los términos. Ya desde la pre-crítica hay diferencias, como la clasificación Wolffiana de la filosofía: una es la metafísica generalis, que se ocupa del "ente" y "cosas en general", otra la specialis, cuyos temas son los que suscitan especulación en cuanto trabajan con la substancia: Dios, alma y mundo.
XIII
Al
manipular las piezas con que se ensambla una bicicleta, tanto las partes nuevas
como las viejas, averiadas o gastadas, sencillamente no puedo negar que sean
entes independientes de mi pensamiento o que sean reales cada una de ellas.
Tan reales como el óxido que las consume. A diferencia de una aplicación teológica,
en la que trate de determinar cantidades a la substancia divina: ¿es única o son muchas, infinitas? Ni Spinoza ni
Leibniz me tientan como antes, antes de examinarlas.
XIV
Las
refacciones cromadas y las oxidadas entran en aquello que llamo lo real, no sólo porque sea lo que aprendí
al hablar el idioma español, sino porque el artículo indeterminado “lo" es una herramienta tradicional para estos menesteres, así como el sufijo
“idad”, en cuanto se trata de abstracciones.
Nada más hay que estar en alerta de que son eso: separaciones intelectuales, consideraciones aparte de lo experimentable.
El entendimiento pone la substancia
como concepto puro; pero hay algo que llega a mí como lo real en el espacio y el tiempo, eso es lo que
digo cuando digo realidad, mientras
el viento agita mi barba y lo poco que de mi cabello subsiste.
Luis
Urbina

No hay comentarios:
Publicar un comentario