jueves, 19 de febrero de 2026

 






ONTOLOGÍA SOBRE RUEDAS

I

Lo que diré vale para cualquier vehículo. Puede tratarse de avionetas, barcos, camiones, automóviles, familiares o deportivos, hasta los triciclos de niños y de los panaderos. Todos pueden suscitar preguntas en torno  a la Entidad y la Substancia.  

Tomaré como ejemplo las bicicletas por su sencillez mecánica, su ligereza y porque yo mismo he ensamblado más de una docena. Las he armado desde cero: comprando cada una de sus dos ruedas, su frame o cuadro, su sillín, cadena, desviadores, pedales. La tarea ha sido armar objetos útiles con casi la “nada”. Después de todo ello puedo todavía agregarle algún accesorio, pasando (a saber en qué punto) desde lo esencial a lo accidental.  Si Aristóteles observara mi labor, daría respuestas, desde sus categorías, preguntarle: ¿Cuándo es suficiente?

 

II

De acuerdo con el Estagirita, toda operación tiende a algún télos, algún fin. Todo ensamblaje persigue un fin así como el de un strategos es la victoria. La pregunta de hasta dónde será suficiente el ensamble de elementos para una bicicleta tendría que formularse así: ¿ha alcanzado su fin?

Tras colocar lo principal en su sitio y confirmar que la transmisión permite echarla a andar, y que también puede frenar sin fatal percance, juzgaremos que la bicicleta funciona, que logra su finalidad. Eso es lo esencial, todo lo demás (pegatinas, por ejemplo) es accidental. En sentido estricto, es accesorio.

 

III

El objeto que alcanza su finalidad es funcional. Las averías en los vehículos, una vez diagnosticadas, pueden ser arregladas. Ésta es la lógica de toda reparación, de toda compostura.

Pero, si un objeto es reparado muchas veces, de manera que sea compuesto por puras refacciones, entonces, ¿sigue siendo el mismo objeto?, ¿la misma entidad?  No es un problema mecánico, sino filosófico. Es el tema de la bici…digo, la nave de Teseo.

 

IV

Los problemas mecánicos pueden resolverse eficientemente, con refacciones, herramientas adecuadas y habilidades manuales. Las bicicletas que funcionan, o cumplen con su fin con el hecho de rodar, pueden enfrentar múltiples problemas, no sólo descomposturas, sino de seguridad en la circulación misma, por la amenaza de vehículos más pesados y veloces que puedan arrollarlas. En este caso, quienes han de encargarse suele ser otros agentes: los urbanistas.

En cambio, los problemas filosóficos no se resuelven, se responden. No a la manera de la mecánica y el trazado geométrico, o de ciclovías. Así pasa con los asuntos de la substancia. 


                                                                 V


Armar posibilita desarmar; componer, descomponer, Si desarmamos una bicicleta, lo mismo que la nave de Teseo, antes de armarla nuevamente, pensemos: ¿dónde está su substancia?

¿Está en las ruedas?; ¿en la cadena? Tal vez en el frame, porque todas las piezas se unen en el armazón, incluso las sostiene; pero no. La Substancia está en el entendimiento.



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