lunes, 22 de septiembre de 2025

 




¿POR QUÉ LAS MUSAS SON HIJAS DE LA MEMORIA?


Los planteamientos de esta disertación son dos: a) Que el poeta Hesíodo es un antecedente de la filosofía griega. b) Pero, en tanto mero antecedente, sus fuentes son externas, son hieráticas, porque pertenecen a la tradición religiosa; aunque, como se verá, dicha tradición hunda sus raíces en la obscuridad oracular.
           
El planteamiento de que la poesía hesiódica es un antecedente de la filosofía se basa en lo que dice el historiador Olof Gigon: “Hesíodo recibe el encargo de decir la verdad”.6 Pero,  ¿de quién recibe ese encargo? Lo recibe de las musas, que son las hijas de la memoria. ¿Por qué Las musas son hijas de Mnemosyne?
           
El vínculo entre las musas y la memoria se encuentra desde la Teogonía, libro que antecede a Trabajos y Días, en donde el mismo autor hace la invocación de las heliconíadas, a las que se ha consagrado. También ahí hace el trabajo de distinguir entre hombres y bestias, porque Hesíodo dice que a las musas les debe el aprendizaje del canto y que eso le permite dejar de regirse solamente por la ley de los animales hambrientos, para dedicarse a una actividad que lo separe del común de los campesinos o, como dice él: dejar de ser uno de los ‘pastores agrestes, tristes oprobios, vientres tan sólo’.8 El pasaje que le sigue permite abordar detenidamente el tema de la pretensión de verdad en la poesía de Hesíodo. La clave se encuentra en las palabras atribuidas a las musas (lo cual obliga a usar entrecomillado simple [‘]): ‘…sabemos decir muchas mentiras a verdad parecidas, mas también  sabemos, si queremos, cantar la verdad’.8  Palabras que suscitan la reflexión; pero ahora sobre las bellas artes, pues ¿acaso no se encuentra este quiasma en cada una de ellas?

Aquí sí que se hace mención de la falsedadasí como su opuesta: la verdad (alethéa)Se justifica traer a colación el tema polémico de la pretensión de verdad en la poesía, aunque sea asociada con los dioses como su fuente. Pero, ¿pretender algo es conseguirlo? No necesariamente. Sin embargo, la sola pretensión o afán igualmente justifica que se hable de implicaciones filosóficas de los poemas de Hesíodo, que han sido señaladas por muchos estudiosos de su obra, como el ya citado Gigon.
           
Pero, Gigon llega hasta el extremo de considerar que “el primero al que podemos llamar filósofo es precisamente un poeta”; 9 aunque reconociendo que el primer paso de la misma filosofía fue distinguirse más firmemente de la poesía, especialmente con respecto a la de Homero, circunscripto a la poesía épica, cuyo lenguaje “es el único que entienden todos los pueblos helénicos”.10
           
Las diferencias entre poesía y filosofía son muchas, comenzando por la forma de escritura  entre los formatos de la versificación y la prosa (métrica y consonancias que hay en la una y no en la otra) o de esa “reforma expresiva”,11 de la que habla Giorgio Colli. ¿Cómo saber la verdad en un poema como la Teogonía?; ¿cuáles son los argumentos de Hesíodo?  Para la primera pregunta, Gigon se limita a enfatizar que la obra de Hesíodo es opuesta a las apariencias de verdad que hay en la poesía épica.  Por lo cual habrá que indagar por nuestra cuenta el criterio de verdad. 

Ese criterio consiste en el meramente lógico, y para ello hay que subrayar su carácter discursivo, esto es, el proceder por meros conceptos. ¿Por qué? porque Hesíodo se cuida mucho de lo que dice sobre los dioses. Por primera vez debe corresponder a lo que se conciba de ellos intelectualmente. A partir de entonces, y más claramente con Parménides, la verdad meramente lógica se basa en los principios de no contradicción y tercero excluso.

La pretensión de verdad profundiza en la depuración del concepto de Zeus, porque las versiones míticas de Hesíodo rinden culto a ese dios. Así es con su concepto como fundamento jurídico. Puede inscribirse en un largo proceso que va más allá de la tradición poética, en la filosofía. En la línea de Parménides; de Jenófanes; de Platón, pues también éste último rechaza la poesía que diga sobre los dioses “mentiras innobles”,12 por ejemplo: atribuirles algún vicio.


El poeta de Ascra no puede entretenerse en un argumento ni en la demostración de objeto alguno; sino que apela a los mitos, que aquí se entenderán como lógos hieráticos, un discurrir sacerdotal o de alguien que dedica sus pensamientos a los dioses. También podría hablarse en términos de un profeta o de un mago; pero no corresponde exactamente a lo primero porque la revelación, en caso de ser tal, no es acerca de algún suceso, de algo por venir, sino que tiene más que ver con el recuerdo, con la memoria, específicamente sobre la generación de los dioses (porque se trata propiamente de una theo-gonía); ni hay mántica (adivinación) si ésta se atribuye básicamente a un acto oracular donde el hablante es ninfolepto (robado o raptado por las ninfas) y, sobre todo, sea incapaz de discernir contenidos.

La hierática de Hesíodo es más racional que irracional o arrebatada, por su capacidad de juzgar sobre los dioses, tal como ocurre con su concepto de Zeus Es claro e implica una exigencia de que sea dador de la justicia; así como lo que dice de las musas, que sean capaces de decir la verdad, no falsedades ni apariencias indistintamente. Si las musas pueden decir mentiras con apariencia de verdad, también pueden decir la verdad; aunque parezca mentira. Así como Apolo se impuso en los lugares de pitón y la ninfa Telfusa, las musas ocuparon el sitio de tres ninfas, de acuerdo con Roberto Calasso “De Hecho, cuando habitaban todavía el Helicón, las musas eran precisamente tres. Y cuando hablan a Hesíodo, al principio de la Teogonía,  se declaran enunciantes tanto de la verdad como de la mentira”.13 Si bien hay problemas en la relación entre poesía y filosofía, la de Hesíodo exhibe un esfuerzo por la verdad así como ciertos rasgos racionales.
           
Por ese problema, desbrozar lo que hay de profético, mántico, hierático, poético y filosófico en Hesíodo, Gigón adelantó en lo último, justificar las conexiones entre éste y los filósofos más antiguos de Grecia mediante tres elementos filosóficos que encuentra él en la Teogonía: 1.- La pretensión de verdad. 2. La pregunta por el origen. 3.- La totalidad.
           
La enumeración sirve para que a todo aquel estudioso de los helenos le sea, en efecto, reconocible el talante filosófico de la Teogonía en tanto que se enfoquen los temas como sigue:

1.- La veracidad, que también interesa en el poema de Parménides.
2.- El arjé, término que, en vez de gignomai, figura en los fragmentos de Anaximandro,  como principio.
3.- La totalidad, que se puede rastrear desde Tales con su planteamiento de que todo es agua, sin restricción alguna (holos). En este punto la tesis de Gigón (de que Hesíodo es el primer filósofo) es diferente a la de Aristóteles (y Teofrasto) pues no le atribuye al Milesio el origen de la filosofía.

Hay que detenerse en la cuestión número uno porque atañe a la pretensión de verdad, conforme a las fuentes de  convicción de Hesíodo sobre el carácter de Zeus como impartidor de justicia e involucra a la familia del Crónida, una de sus parejas y algunas de sus hijas, y con ello las relaciones entre memoria y musas. 
           
Véase por un momento el fenómeno mismo: lo que sucede a un rapsoda cuando cante o re-cite un poema (o sea, cuando  vuelva a la cita una y otra vez). Es apoyado por la métrica. Claro está que eso se logra mediante la memorización y las técnicas del verso. Se puede decir que con la mnemotecnia entran en acción las musas.  Pero, ¿se trata sólo del ejercicio de una facultad intelectual y de los efectos de la métrica, o hay algo más, que no dependa de la disciplina intencionada?

Las musas son hijas de la memoria porque ayudan, mediante el ritmo, al rapsoda para no equivocarse sobre lo que vaya a recitar. Eso está bien; pero es, apenas, una parte de lo que debe considerarse, porque, en efecto, su origen es hierático. Lo cual es olvidado cuando se diga que las musas son mujeres de carne y hueso, por ejemplo, que Beatriz es la musa de Dante y Laura es la de Petrarca. Y eso es un error.

Nada impide que un ser humano “inspire” a otro, a un poeta, si ello significa motivación. Pero es criticable lo que ocurre en sentido contrario al antiguo. Si antes era la atribución de vicios a los dioses, ahora se endiosa a los entes mortales. De acuerdo con el criterio meramente lógico de la verdad, eso entraña una contradicción (que x mortal sea inmortal). Por ello hay que seguir con la depuración conceptual (en la línea de Hesíodo, y su mejoramiento como crítica del antropomorfismo, en la filosofía de Anaxágoras, Jenófanes y Platón) para ver también ¿qué significa la inspiración?

El verbo latino spirar es atraer. Notablemente es determinado por el prefijo in, que se usa para todo aquello que se lleve o atraiga; pero hacia adentro. Siempre referidos a Hesíodo, se destaca que gran parte de su discurso sobre Zeus no brota voluntariamente, digamos, del ámbito psíquico, sino que atraído de fuente ajena y ¿qué cosa puede serle más ajena a la humana voluntad que la revelación de algún dios?

Se destaca, pues, el carácter exterior de la fuente de los inspirados porque,  en el contexto de la poesía griega arcaica, significa lo que se recibe de alguien; pero no se trata de una mujer o un hombre, sino de las musas, se trata, en sentido estricto, de un entusiasmo (porque su etimología es entheos, un dios dentro de sí). Así como Calasso habla de La locura que viene de las ninfas, se puede decir que hay verdades que vienen de las musas. Por eso el primer acto de este poeta es la invocación, que también se encuentra en la obra homérica y, muy especialmente, es una ayuda que les pide a ellas para que le permitan hacer algo que, como se verá para finalizar, conduce al núcleo de algunos mitos y muestra toda su fuerza.

Hay que referir nuevamente a Ilíada, a una parte que se conoce como el catálogo de las naves, pues cabe preguntarse por qué el poeta es tan prolijo al enunciar tantos barcos y tantos comandantes. Sería sólo un apéndice tedioso de no ser porque sirve al rapsoda para crear un efecto en quienes lo escuchan: que crean lo que dice; a pesar de que él no sea un testigo presencial de la guerra narrada. Aunque lo hubiera sido, ¿cómo podría recordar con tal minuciosidad el catálogo? Si puede, es porque se lo dicen las hijas de la memoria, las musas. Así, el poema homérico se permite decir sobre los dioses algo que sea falso, como que tengan vicios o defectos humanos; pero verosímil, es decir, con apariencia de verdad.


El quiasmo puede entenderse como figura retórica, porque un poeta también puede hacer lo contrario, esforzarse para decir la verdad; aunque parezca mentira. Por ello Gigon atina al decir que la Ilíada no es tan cercana a la filosofía como la Teogonía; más no porque la primera no sea admirable en muchos aspectos; sino porque se queda en las apariencias de la verdad y ofrece conceptos de los dioses que resultan cuestionables. La empresa del segundo libro es mayor, sobrehumana, porque no sólo se trata de un catálogo de naves ni los pormenores de una larga guerra, que bien pudo ocurrir o no. Es todavía más difícil decir de dónde nacen los dioses y, para ello, el poeta de Ascra también pide ayuda de testigos; pero que lo sean desde el principio de los tiempos, las musas. Se puede seguir objetando que su obra ahora es clasificable en pocas gavetas, como poesía o mera inventiva y… punto final. Pero, justamente esa es la trivialidad, recluirla íntegramente en el compartimiento de la mera ficción. Cuidado con tomar todo mito cual si fuese cualquier fabulación, porque puede ser una verdad con apariencia de mentira. 






Luis Urbina
abril de 2019






6 Gigon, Olof, Los orígenes de la filosofía griega, de Hesíodo a Parménides, trad. M. Carrión, p. 14.
7 Hesíodo, Teogonía, 26. Debido a la temática discutida (la pretensión de verdad), aquí se prefiere la traducción de Paola Vianello de Córdoba (Scriptorum UNAM) porque traduce alethéa como “verdad”; en cambio la de Gredos dice “realidad”. El original es:   “ po/imenej a)/grauloi, ka/k ) e)le/nxea, gaste/rej oi)=on, 
i)/dmen yeudea polla¨ le/gein e)tu/moisin o(moi=a, i)/dmen d ¨, eu)=t ¨ e)te/lomen, a)leqe/a ghru/sasqai."
Ibídem27, 28
Opere citato, p. 13.
10 Idem.
11 Colli, Giorgio, El nacimiento de la filosofía p. 12.
12 Platón, República,  227e.
13 Calasso, Roberto, La locura que viene de las musas, p. 259