sábado, 20 de noviembre de 2021

El Pantokrátor que pintó Diego Rivera



 

RESUMEN.  Denominamos Pantokrátor a un mural de la Ciudad de México. Es un icono religioso; pero pintado por Diego Rivera. ¿Por qué hizo una imagen teísta, a pesar de su ateísmo declarado?

 

Dedicado al Arquitecto Jorge Legorreta, R.I.P. 

                 


Luis Urbina

 


                                                         PRÓLOGO


El  Palacio de Bellas Artes exhibe una obra pictórica que tiene muchos nombres: “El mural Rockefeller”; “El hombre en la encrucijada” o “El hombre en el cruce de los caminos”; y “El hombre, controlador del universo”. Para éste último hay una pequeña modificación, pues en la cédula museográfica dice: “El hombre, contralor del universo”. Todos son más o menos adecuados a su contenido. Especialmente el último de la enumeración. Aquí se hace la propuesta de que, en el fondo, es un Pantokrátor, pintado por Diego Rivera.  

 

¿Por qué añadir a la nomenclatura ya numerosa? No se trata de añadir, mucho menos de sustituir. La propuesta no es que se adopte otro nombre, eso sería desproporcionado a una exposición como ésta. Lo que sí permite tal vocablo, pantokrátor, es un trabajo iconológico. No la simple  descripción que se limite al nivel iconográfico, mirar e identificar, sino ver y columbrar, es decir, observarlo y pensarlo detenidamente. 


Para ello se aplicará cierto método: el de Erwin  Panofsky. Comenzará por lo pre-iconográfico, que es básicamente la reseña o el recordatorio de pormenores en los nombres del mural; después la iconografía, en tanto es la descripción de algunos elementos de la composición pictórica. Pero esos dos pasos son apenas el preámbulo de la iconología. 


El primer nombre del mural consigna una serie de hechos escandalosos, que ocurrieron poco antes de su realización en el Palacio de Bellas Artes, en 1934. Rivera lo hizo primero en New York, Radio City,  en 1933, y por encargo del propietario de aquel inmueble; quien terminó por mandar su destrucción, de ahí lo del “mural Rockefeller”.

 

El segundo de los títulos enumerados es, casi, el original, siempre vinculado a la familia Rockefeller. “El hombre en el cruce de caminos” (The Man on the Cross Roads) era la temática que encargó y pagó Nelson, el propietario. Corría el año de 1932 cuando Abby, su hermana, invitó al muralista mexicano a algunas fiestas de cocktail. Admiradora del pintor, consideró que él aportaría mucho al patrimonio familiar, en su RCA Building.  Explícitamente le comisionaron un muro del lobby (de 5 por 18 metros, aproximadamente) que representara con optimismo el futuro de la humanidad. El título inicial era tan largo como el siguiente: “Man at the Crossroads Looking with Hope and High Vision to the Choosing of a New and Better Future”.  

 

Rivera bien pudo limitarse a cumplir con la idea de esperanza (Hope) y ornar una parte del conjunto arquitectónico que enorgulleciera a esa familia. Tal como lo hizo finalmente otro pintor, José María Sert, con su mural de 1937; que ya no refiere al "hombre" en general, sino a “El progreso norteamericano”. Pero el muralista mexicano interpretó todo de una manera muy diferente, por medio de ciertos emblemas políticos que se verán renglones más abajo.





Sobre la composición del mural, tiene la continuidad de un solo tablero. Por ser simétrico puede dividirse en dos; pero también es un tríptico debido a dos pilares del Palacio de Bellas Artes, que interrumpen la visión desde lejos. En este caso se puede constatar aquello que los muralistas llaman integración plástica, que es la armonía entre la pintura y la arquitectura. 


En el centro está un hombre vestido de overol, por lo que se infiere que es un obrero. Ambos lados están llenos de personas, algunas que son reconocibles. Se trata de Trotski;  Ataturk; Engels; Marx; Lenin; Rockefeller, Darwin. 


Una vez identificadas esas personas, hay que dejar atrás la pre-iconografía y trabajar más detalladamente la iconografía. Este paso también es muy sencillo, porque se irán comparando los retratos que Rivera hizo de esos personajes con algunas fotografías que, por fortuna, todos ellos se tomaron y son de dominio público. Después habrá que hacer lo que Panofsky llama iconología. 


                                                       

                                                       I

                                          ICONOGRAFÍA



Hay que dejar claro el corte metódico: a) Localizar los iconos, en este caso los retratos, más representativos de una multitud pintada en el mural.  b) Citar algunos de ellos, para saber qué declararon. 





L. Trotski




Ataturk




F. Engels


a) En el momento de comparar los retratos y las fotografías es innegable la habilidad del pintor. También se puede decir mucho de cada uno de ellos, los retratados; por ejemplo, que el verdadero nombre de Trotsky es Lev Davidovich Bronstein; quien fue acogido de su exilio por Diego Rivera y que el nombre original del turco es Mustafá Kemal; pero lo más significativo es aquello que dijeron, o sus planteamientos, como  si al retratarlos, Rivera los estuviera citando textualmente. De igual manera, hay que citarlos aquí.  Se escogen nada más que tres para no hacer tan tediosa la exposición. Se hablará de Marx, Lenin y Darwin. 


b) Es muy famosa una frase de Marx : "La inquietud religiosa (...) es el opio del pueblo" (1). 






K. Marx

En este tema, ¿qué dijo Lenin? "Es necesario dar a (...las) masas el más variado material de propaganda atea, hacerles conocer los hechos de las más variadas ramas de la vida (...) sacudirlas en todos los aspectos, a fin de despertarlas del letargo religioso, empleando, para ello, los más distintos procedimientos". (2)

 




Lenin


Marx da su conclusión sobre las religiones en general que, según el contexto de la cita, son adormecedoras a la manera de estupefacientes. El otro  discurso, de Lenin, es un exhorto, surgido de esa teoría marxista,  un llamado a la acción, a la praxis. También al combate; a la militancia; pero no sólo para la toma del poder político por parte de los comunistas, que lo hicieron realmente en Rusia con un golpe de Estado en 1917, sino para algo más: promover oficialmente dos posturas filosóficas asociadas al comunismo: el materialismo dialéctico y el ateísmo. Como se nota, su militancia es más amplia que la directamente política. No se limita al cambio de la estructura social; dirige sus ataques hacia la súperestructura. Esta dupla filosófica que, finalmente toma la forma de ideología, fue llamada por Lenin materialismo combativo y ateísmo militante.

 

También Rivera se ostentaba como comunista; materialista combativo y ateo militante; como quería Lenin y, lo más relevante, su actividad muralista fue uno de los distintos procedimientos de eso que el ruso quería, la  propaganda ideológica. Aquí no se llama a escándalo por tales temas, tampoco se trata de ofrecer a cambio el capitalismo; el idealismo y el teísmo, respectivamente. Lo que se trata es de hacer iconología, con lo cual se entiende enunciar el trasfondo del mural en cuestión. Nada de malo hay en el ateísmo. Cuando mucho se invitará a pensar si el de Rivera es o no consecuente y si la creencia que promueve es viable o no lo es. 

 

Lo prioritario es la presencia simbólica del bolchevique, su figura en el retrato, porque sirve para explicar iconológicamente la reacción destructora de Rockefeller. Ese retrato del bolchevique ya figuraba desde la primera versión del mural. El propietario del muro no lo toleró, porque era su enemigo de clase y le ordenó a Rivera que lo borrara. Él no quiso. Aquél montó en cólera y mandó su destrucción. 


Todavía más, en este hilo de acontecimientos la destrucción reactiva y represiva sirve para entender algo de la segunda versión, en la Ciudad de México: el pintor incluyó un retrato del magnate. Tiene el detalle de unas espiroquetas, pintadas arriba de la cabeza de Nelson a manera de venganza como diciendo, maliciosamente, que tal sujeto padecía alguna enfermedad, específicamente la sífilis, la cual en ciertas etapas provoca problemas mentales. La familia patrocinadora del primer mural era, para Rivera, el emblema de un mundo enfermo y por ello lo representa como frivolidad coctelera y bailadora, que es el ambiente en donde los pintó. ¿Cómo explicar esa crítica puritana? Como se verá, sólo será explicable bajo la luz de conceptos marxistas-leninistas: la lucha de clases y el sujeto histórico que, supuestamente, vencería en el conflicto.






Nelson R.

Según Diego Rivera, el mundo se dirigía hacia la sociedad comunista, in crescendo. Es un telós o finalidad que atribuía a la Historia. En otras palabras, esa era su versión del Hope and a High Vision of the Man. Ese era el ineluctable progreso, aparentemente.  Pero, con todo y su ateísmo, declara su fe; sólo que puesta en un sucedáneo de la religión: la ideología, que en esta caso es el comunismo.

 

Otro retratado no tiene tanto que ver con la militancia atea; no directamente. Es Darwin. Se encuentra debajo de una estatua manca. Alguien cortó sus manos. ¿Su mutilación es significativa?; ¿la atacó el sujeto del retrato? No, él no trae un mazo en las manos porque no es un hombre de acción, específicamente destructora, sino un biólogo, un “naturalista”, como prefirió decirlo. Se limitó a señalar algunos animales y plantear que el ser humano no fue creado, en el sentido de que alguien lo formó tal y como es ahora, poco peludo y erguido. Porque eso es otra cosa, es lo que supone todavía el creacionismo.




Darwin


La estatua es esa doctrina, la creacionista, que queda mutilada, ya no puede maniobrar o manipular, sino torpemente, desacreditada como está. 




El evolucionismo básicamente plantea que la especie humana ha cambiado a lo largo del tiempo. Darwin se distingue porque aportó una explicación del proceso evolutivo, mediante la selección natural, “según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma”. [2]   

Rivera interpretó el materialismo combativo como divulgación de la ciencia, porque ésta apoyaría teóricamente su obra y su ideología. Se puede decir que por vía del materialismo profesaba también el cientificismo. De hecho, todos los comunistas presumían de que el materialismo dialéctico era "científico" y que superaba no sólo a la teología, sino a todas las filosofías "burguesas", idealistas y empirio-criticistas, como diría Lenin. Pero ese no es el mayor defecto, el supuesto cientificismo de los marxistas, sino la errática manipulación del icono, Darwin, por parte de Rivera, porque no es coherente con el mínimo de una aplicación de su naturalismo a las ciencias sociales (diríase un darwinismo social); ¿cuál es mensaje político?; ¿acaso, la supervivencia de alguno y la extinción de algún otro? 

En el centro de la composición está el ya mentado hombre de over all, es un obrero y no es identificable con alguno de los líderes comunistas, porque Rivera lo hace representar algo más amplio, esas masas a las que se refirió Lenin, en otros términos, más técnicos de la economía política: al proletariado, todo aquel sujeto que no es propietario de los medios de producción y sólo tiene su prole, sus hijos; pero no hay retrato del “proletariado", así en abstracto y así en masa. Había que retratar a alguien, a un hombre de algún lugar y con alguna fisonomía. Rivera eligió a un caucásico, un hombre blanco; tal como lo era  Lenin; Trostski o Stalin, porque el pintor tenía los ojos puestos en la Unión Soviética. 




                                                              II

                                                  ICONOLOGÍA


Todo lo expuesto hasta aquí parece incompatible con el planteamiento básico: que Rivera pintó un pantokrátor. Se usa un vocablo compuesto y de origen griego, al que se traduce como “controlador de todo” o “aquello que todo lo gobierna”. Empero, su cosmogonía y cosmovisión no son griegas, sino hebreas. Viene desde el Antiguo Testamento.  Aquello que los griegos llamaron Krátos, los hebreos lo atribuyen a su Dios, el único, el de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Como se advirtió, Pantokrátor es adecuado al nombre del mural “contralor del universo”. Pero, en la versión del materialista y ateo militante ¿quién o qué controla a la totalidad?, ¿sigue siendo asunto religioso? Sí; pero en lo que se puede entender como un proceso dialéctico, que va desde el proselitismo cristiano hacia la ideología política.

 

Previamente a la inmersión en los temas teológicos, filosóficos y políticos revisemos los iconos, dicho ésto en el sentido tradicional, en el marco de la historia del arte. Cada pantokrátor que hay en el planeta es una pieza pictórica. Puede ser un mural o un retablo, incluso un pequeño tablero. 





Es un icono propio de la pintura bizantina y románica, identificable de dos maneras. Una de ellas es la del Jesucristo que bendice a sus fieles desde el centro  de una mandorla que, en italiano, significa almendra y es la forma de una aureola; pero no limitada a la cabeza, sino que cubre la totalidad de su cuerpo, rodeado por los ángeles del toro, del águila, del león y un cuarto serafín. La composición visual suele ser de perfecta isometría. 


 



Hay otra manera de representarlo. Es un icono más sencillo, porque consta de una mano bendiciente; que puede ser tanto del dios padre como del hijo.





Básicamente, en lo semiótico, el icono bizantino es un resumen o, mejor dicho, una sinopsis — para reservar a otros momentos la palabra síntesis como término filosófico—  de un concepto teológico: el teísta, que caracteriza al judeo-cristianismo en general, que imagina a su dios como una persona.  


Los teólogos han pensado -e imaginado- el tema de Dios y los dioses de diversas maneras. Podrían ser muchos los dioses o uno solo, ¿cómo determinar, si quiera, su cantidad? El icono del pantokrátor que es más prolijo tiene un hombre en el centro y las cuatro figuras alrededor. ¿No son dioses también? No. Ya se dijo que son ángeles (mensajeros) o, para ser más exactos, son serafines, según la iconografía cristiana cuyas fuentes son bíblicas. Lo cierto es que el icono en cuestión, del pantokrátor, acota las posibilidades. Hay que descartar el politeísmo; griego; romano; nórdico; etc.


Se trata, pues de un solo un dios que, en el supuesto, lo controla todo. Claro que se puede insistir: ¿No son tres dioses; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, según el misterio trinitario? No. En este caso, la pluralidad de dioses es aparente, como explica Tomás de Aquino, porque el cambio de persona no es transeúnte. Es el mismo dios y a fortiori es único. Por muy variado que sea su fundamento teológico, el dios del monoteísmo impone unidad causal y substantiva. La causa eficiente es entendida como creación, es el creador del mundo en tanto sea su causa primera.  


El pantokrátor es el icono que coloca al dios único en el centro de la composición pictórica. Es la representación inequívoca del monoteísmo y apenas permite salir de la cultura hebrea. Sin embargo, también hay  una tradición teológica desde el paganismo y la filosofía de algunos griegos, especialmente Aristóteles, porque tiene afinidades con el monoteísmo, que se enumerarán rápido para los fines de la exposición. 


Al Estagirita se le atribuye la Metafísica, o filosofía primera, que propone un dios como acto puro. La consecuencia teológica es clara, pues el dios debe ser uno solo, porque todos los demás entes son potencia y acto. De ahí su afinidad con el tomismo. Básicamente, es aristotélico. Es una síntesis entre filosofía griega y religiosidad judeo-cristiana. 


Las enumeradas posibilidades filosóficas que son afines al monoteísmo, específicamente cristiano, permiten profundizar el análisis del icono llamado Pantokrátor, al ser el tema de la representación visual. Hasta aquí llega el trabajo iconológico. El que sigue excede al método y se tornará crítico. 



III

¿NO HAY MÁS RUTA QUE LA SUYA?


 

El ateo del tipo riveresco se dice militante; tener otra creencia. Él es beligerante, le gusta la batalla ideológica, en lo cual se parece a Siqueiros, otro creyente del comunismo; uno trotskista y el otro stalinista, ¿cuál de los dos es más dogmático? 


Si le preguntáramos a Jorge Cuesta, temprano crítico del muralismo, respondería que Rivera no es el más dogmático de los dos militantes. Ello se debe a una incapacidad, la de arriesgar la vida por sus, supuestas, ideas, ¿por qué? porque fue, más que nada, un pintor académico. Lo cual implica que no estaba dispuesto a morir por la revolución. Igual hubiera pintado iconos religiosos de haber vivido siglos antes. Es verdad. 


También es verdad que, al presumir que era un ateo militante, Rivera asumió el deber de negar al dios; pero su negación hace referencia de eso, el teísmo y sus determinaciones conceptuales. De ser así, hay dialéctica. En principio, se trata del idealismo que esquemática... mejor dicho, didácticamente, suele oponerse al materialismo dialéctico.


En el materialismo dialéctico, o combativo, de Rivera hay un tipo de idealismo, el absoluto de Hegel. Se nota en el pensamiento de Marx y Lenin. No es todo lo que hay; pero es un ingrediente de importancia. Éste último reconoce que su marxismo se basa en “el modo como Marx aplicaba la dialéctica de Hegel, concebida de un modo materialista” [4].

 

Algunos marxistas reconocen la propuesta hegeliana y la toman como una de sus fuentes o partes (las otras dos son el socialismo francés y la economía británica, reconocidas también por el propio Lenin) en su visión de la Historia. Pero, esa dialéctica es francamente especulativa. ¿Será, por ello una metafísica dogmática?


No, no es una especulación dogmática; pero es una sólida especulación. ¿Qué significa eso? Significa principalmente el concepto hegeliano de lo verdadero y permite ubicar al cristianismo como figura dialéctica,* la razón desventurada. 

 

Ya lo indicaba Salazar Mallén. El marxismo es tan metafísico como el hegelianismo. ¿En qué estriba el parangón? En la dialéctica que, en ambos, es especulativa. Sólo que en la versión marxista es otra la acepción, otro el motor de la historia y otro el sujeto. El motor es la lucha de clases, así como la partera es la violencia, en la versión marxista de la dialéctica; que también es crítica, ¿cómo no lo sería?, tanto del idealismo como del materialismo precedente, como el de Feuerbach, de quien, sin embargo, retomó la postura atea. En este aspecto, el marxismo no cae en la ingenuidad; al no aceptar al Geist; aunque sí por su versión del sujeto histórico, como se verá a continuación.

 

Grandes trazos especulativos, propios de toda filosofía de la historia. Efectivamente; pero asimismo es de largo alcance el marco requerido para el análisis de algunas obras artísticas, como la del pantokrátor que pintó Diego Rivera. Su versión lo contiene en las dos maneras ya referidas, como la mano sola y como cuerpo humano, casi completo e imponente. Hay que decirlo reconociéndolo, con mayor fuerza expresiva y monumentalidad que el icono bizantino.

 

Desde luego —y para evitar el anacronismo—, en América no hubo período románico ni bizantino y los murales más prominentes y de monumental calado no están en el ábside o en las pechinas de una catedral, sino en edificios gubernamentales o públicos, en general y, en especial, como el Palacio de Bellas Artes. Además, la temática suele ser la del nacionalismo revolucionario, con las consignas socializadoras; ateas, anticlericales (donde cabe Orozco, aunque no en la militancia comunista) o, mínimo, laicas. Con esa línea, los murales debían estar muy lejos del teísmo, salvo éste, de Rivera ¿Cómo?; ¿hizo una imagen teísta a pesar de su ateísmo declarado? 


Sí, como se ve, la hizo; aunque respondiendo a la ya señalada negatividad, determinada, propia de la dialéctica, ¿para qué? Para colocar su versión del sujeto histórico; pero ya no entendiéndolo como la substancia única o absoluta que se despliegue en la Historia, sino como el advenimiento de un liderazgo político, o la "vanguardia" de alguna clase social. 


En la señalada síntesis, entre la pintura de inspiración teísta y la atea, lo primero es que esta se asuma como lo que es, negación y, si alguien pregunta por la importancia de este percatarse, se le diría lo que puede pasar desapercibido: es una apropiación ideológica del icono religioso.

El sujeto histórico ya no sería un individuo sobresaliente a la manera positivista, como Darwin o algún otro "burgués"; aunque también la burguesía puede pensarse como un colectivo, incluso fue "sujeto" histórico, en el sentido de protagonista de algunas revoluciones. 

Rivera pensó en términos clasistas, claro está; pero también mesiánicos, en tanto que quiso ensalzar el advenimiento del nuevo liberador que era el proletariado ¿No será otra fantasmagoría? Pintó al caucásico vestido de obrero, para decir que es un soviético lo que había de colocar en el centro del universo, así como lo colocó en el de la composición con todo y mandorla; pero que en este caso es doble, mediante las dos elipses de largo trazo que representan órbitas de elementos químicos.

 

Era, pues, el proletario soviético el nuevo mesías donde se cruzaban las mandorlas o los “caminos”, con lo cual entendió Rivera: sistemas políticos (comunismo en un lado, capitalismo en el otro) e ideologías o derroteros políticos. Aquí se destacaron esos rasgos ideológicos porque ciertamente darán final coherencia al título de la pintura en cuestión y que justifican tomarla por una versión de pantokrátor. Ella le sirve para lo mismo que la tradicional, para la propaganda, como ya avisó Lenin, y con ello el proselitismo, el ganar adeptos para la causa comunista, materialista dialéctica y atea militante.

 

Sirva recordar el meollo del período barroco. Es lo que sí hubo en México y tuvo la intención contra-reformista, por eso promovió la iconografía religiosa. Algo similar ocurrió antes, en el románico, cuando se propagó la religión cristiana por Europa, aprovechando la infraestructura dejada por el Imperio Romano, lo cual es otra síntesis. No por ello se descarta como factor la fe auténtica de cada pintor, si es que se trata de algún convencido de que hay algún ente que lo gobierna todo. Tal es exactamente el significado del vocablo pantokrátor. Es creer en un rey de reyes. El aspecto político del teísmo.

 

De ahí que el mural de Diego Rivera tenga la estatua manca, porque representa a ese dios, el cristiano; aunque por el estilo clásico de la marmórea pieza también se parece a un dios pagano: Júpiter. En ese caso, la transición del paganismo al cristianismo es esa otra síntesis y apropiación ideológica, por ello tiene el crucifijo en el pecho. Pero ya no está en el centro compositivo, sino desplazada hacia uno de los lados, quedando representada pero marginal.

 

En la sección central de ese tríptico, el hombre ya endiosado no extiende la mano bendiciente. No tiene los evangelios en la otra —lo cual facilitaría identificar rápidamente al pantokrátor— sino una esfera de cristal. No bendice, maneja, mani-pula. Dentro de la esfera cristalina se ven los procesos biológicos, que ya son manipulados en gran parte y desde hace mucho.

 

En conclusión, Diego Rivera dice, con su mural, que no es Dios el pantokrátor. Por eso, el más destacado título de la obra es “El hombre, contralor del universo”. Pero, en serio ¿hay quien sea capaz de controlarlo todo?; ¿cada uno de los fenómenos, sus consecuencias y concatenaciones?  El hombre, o la mujer, solo o en rebaño, lo mismo da, ¿sustituto de los dioses? 


Sin hybris y sin humildad gratuita, formulemos otra pregunta que cambiaría la forma de entender, a la manera de Nietzsche y Deleuze. 


Si, como propone Rivera, colocamos al ser humano en el sitial del dios, sustituyendo a la teología por la antropología, mejor dicho, teocentrismo por antropocentrismo, con ello "¿suprimimos lo esencial, es decir, el lugar?" [5] 


El pintor comunista y cualquiera de sus correligionarios de hoy en día no resultan tan radicales como presumen. Lo es más el siguiente gesto intelectual: No a los esquemas centralistas. Que el centro sea en todas partes y por ello, ninguna,


Obras citadas

[1] Marx, Karl, Contribución a la crítica del derecho de Hegel, 1844.

(2) Lenin, Vladimir Ilich, Sobre el significado del materialismo militante, en Pod Známeniem Marxizma, número 3, marzo de 1922.

[3] Darwin, Charles, [1859], El origen de las especies, trad. Antonio de Zuleta, p. 5.

[4] Lenin, op, cit.

[5] Deleuze, Gilles, Nietzche y la filosofía.


Notas

* No es la dialéctica criticada poco antes por Kant, entendida como mal uso de la lógica general, cual organon de las ciencias. Eso incluye las antinomias de la razón pura. La de Hegel es diferente pues habla de una negación determinada. Las determinaciones que niega el ateísmo son las del teísmo en su multiplicidad imaginativa, es decir antropomórfica. Con ella se da la enajenación, en la figura de la razón desventurada, que pone en otro lo que está en ella misma. 












martes, 14 de mayo de 2019

LA FÁBULA DEL HALCÓN Y EL RUISEÑOR EN VERSIÓN DE HESÍODO





RESUMEN: En esta disertación se aborda un texto del poeta Hesíodo, un fragmento de Trabajos y Días tiene la peculiaridad de ser una fábula y, todavía más, empleada dentro de una querella judicial. El primer propósito es destacar las repercusiones filosóficas de su distinción entre lo humano y lo animal, de acuerdo con la legalidad que les atribuye. 


PALABRAS CLAVE: apología, apólogo.


THE TALE OF THE HAWK AND THE NIGHTINGALE
ACCORDING TO HESIOD

ABSTRACT: This speech is about a piece of the poet Hesiodus. Starts with few lines of Works and Days where is a fable used in a trial. Signs a philosophical distinction, what is the animal nature and what is the human being, according the different kinds of law. 


KEY WORDS: justify, fiction.     







DEFENSA POR MEDIO DE LA FABULACIÓN          

El poeta griego Hesíodo es objeto de estudio de las más variadas disciplinas, tales como la política, la sociología, la literatura y la filosofía. Aquí se pretende estudiarlo en el quiasma problemático de las últimas dos, para lo cual se propone centrar la atención en Trabajos y Días, libro del que es extraído el siguiente relato:


            “Ahora contaré una fábula a los reyes, aunque sean Sabios. 

           
            Así habló un halcón a un ruiseñor de variopinto cuello mientras le llevaba muy alto,  entre las nubes, atrapado con sus garras. Éste gemía lastimosamente, ensartado entre las corvas uñas y aquél en tono de superioridad le dirigió estas palabras:
           

            ‘¡Infeliz! ¿Por qué chillas? Ahora te tiene en su poder uno mucho más poderoso.  Irás a donde yo te lleve por muy cantor que seas  y me servirás de comida si  quiero o te dejaré libre. ¡Loco es el que quiere ponerse a la altura de los más  fuertes! Se ve privado de la   victoria y además tiene que sufrir vejaciones, es  maltratado.’

           
            Así dijo el halcón de rápido vuelo, ave de amplias alas”. [1]


Son pocas líneas, en realidad; pero muy ricas, porque contienen  dos tipos de discursos. Se trata de la apología y el apólogo, que suenan parecido; más no son lo mismo. La acepción relevante de la apología es la de una defensa, o sea el esfuerzo para salir bien librado en un problema judicial. En cambio, el apólogo es un discurso eminentemente literario en tanto es el sinónimo de un género narrativo, la fábula, que suele ofrecer moralejas. Por cierto, Hesíodo es considerado como uno de los más antiguos fabuladores occidentales.

Hay apólogo, que trae su moraleja, incluso exhortaciones. Hay apología, debido a la circunstancia en que fue escrito el fragmento,  porque el autor se involucró en lamentable querella con un hermano suyo, llamado Perses, en torno a la posesión de unas tierras labrantías. El sentido de la defensa se establece al considerar a Hesíodo como la parte agraviada porque dicha propiedad debía repartirse entre ellos, por tratarse de una  herencia paterna; pero Perses quiso despojarlo, quitarle la parte que le tocaba. 

El apólogo y la apología le sirven para hacer parenésis (los exordios), y decir unas cuantas verdades; a pesar de que sea una fabulación, algo que, aparentemente, es falso. Que hay, cuando menos, una verdad es algo que puede constatarse al observar la naturaleza. Es verdadero y natural que los pájaros más pequeños y menos fuertes que el halcón le sirvan de alimento. Innegablemente, así son las aves. Pero, ¿será verdad todo lo que dice?; ¿Hesíodo es el ruiseñor de dulce voz, mientras que alguna otra persona es el halcón, animal rapaz?

Se puede objetar que no es un asunto filosófico (en tanto problema de la veracidad o de cómo validar un juicio en la determinación de seres) sino que involucra lo meramente literario. La objeción es válida solamente por la separación que se ha dado entre esos ámbitos milenios después de la alborada griega; pero no siempre fue así. De ahí que se hable de un quiasma o cruzamiento entre áreas de estudio, y eso está lleno de problemas. En lo literario, esta fábula es claramente metafórica y, con tal aclaración, es aceptable comparar al poeta con una de las aves. La palabra traducible como ruiseñor es aeedóni. Así, lo comparado es la labor de los poetas antiguos de Grecia porque también se les llama aedas. Son cantores como aquellos pájaros (pero, hay que cambiar la ee por oi, pues aoideoo es cantar, aoidos es cantor, como se ve en el propio nombre de Hesí-odo, aoiodos). Así pues, resulta aceptable la primera parte de esta comparación: el poeta es semejante al ruiseñor. De igual manera, el halcón sería semejante a alguien más; pero ¿de quién se trata?

Hesíodo nombra al halcón o gavilán como ireex (actualmente los griegos dicen geráki. Es el pájaro de rápido vuelo cuyas alas son largas (tanusípteros ornis), mucho más grandes que las de los ruiseñores; aunque la principal característica de los halcones no está en estos adjetivos, sino que es señalada en la misma acción que se describe: la rapacidad. De modo que el halcón tendría que ser su hermano, Perses, el rapaz, el que lo ataca y lo despoja; aunque, como se verá, no le corresponde ese papel directamente.

Si se deja de lado la ocupación literaria de Hesíodo, él es como todo hombre y, como tal, es otro animal; entonces ¿debe someterse a los rapaces? De ser así, entonces el propio poeta elabora una justificación para la rapiña. ¿Por qué se entrampa el narrador?, ¿es que no sabe qué le conviene decir?; ¿por qué no se defiende de otra manera que no sea comparando a su hermano con un ave más poderosa que él mismo?

Pero, el fragmento citado no se dirige a Perses, sino a los basileisin (los reyes). En la Grecia arcaica, para ser más precisos, en la Beocia de Hesíodo, el poder sobre la vida, la muerte y la libertad era ostentado por ellos, que gobernaban pequeñas localidades. Por lo regular se trata de guerreros, grupo en el que se puede incluir a los héroes de la poesía homérica, como Menelao y Aquiles, comparables con los animales rapaces y cuya ferocidad es emblemática y motivó más de un relato parecido al hesiódico. [2]

La importancia que se daba al basiléis fue cambiando con el paso de los años. Así en lo militar, pues en la épica de Homero era algún guerrero que tenía el privilegio de ser hippeis (jinetes) o de conducirse en cuadriga y, sobre todo, protagonizaba las batallas, tal como es descrito en Ilíada (por ejemplo los duelos entre Aquiles y el príncipe Héctor; Menelao y Paris, mientras los demás guerreros le hacen corro) hasta que, posteriormente, en las guerras fueron más relevantes las formaciones hoplitas, tanto de Esparta como de Atenas, así como las falanges macedónicas,

Una de las características de la poesía de Homero es, entonces, que describe el poderío del basiléis, encomiando sus hazañas individuales. En cambio, y esto permite introducir elementos distintivos de la poesía de Hesíodo, el título del libro de donde se extrae la fábula en cuestión para nada ensalza a los guerreros aristocráticos, sino al esfuerzo de los campesinos. De ahí los trabajos que deben hacerse en determinados días (Erga kai Emérai).

Hesíodo no dirige la palabra a Perses, en la fábula, sino a los basiléis. No a un tribunal, no a los jueces, porque —antes de que la democracia ateniense asomara la cabeza, antes de pensar siquiera en la separación de poderes— ellos asumían las principales funciones estatales incluyendo las de legislar y juzgar en las querellas. Eran la élite omnímoda de aquellos tiempos, los únicos poderosos, los pudientes como dice esta nota sociológica y económica:

        "Trabajos y días, del beocio Hesíodo, permite hacerse    una idea de los modos de  vida y del régimen económico que afectaba a gran parte de la población. Las relaciones entre los diferentes  estamentos sociales y, al mismo tiempo, la opresión de la población rural por los cabecillas locales se ven caracterizadas en la penosa labor de los campos (sin cría de ganado mayor) como precaria base para lograr el mínimo para la existencia (economía de subsistencia). Debido a los condicionantes económicos, la sociedad se articula y se diferencia en dos grupos, los pudientes y el resto de la población, con sus propiedades y sus familias en dimensiones   variables. Las relaciones de dependencia o de fuerza operantes en estos casos se ponen de relieve fundamentalmente en la guerra o en las frecuentes querellas jurídicas que ensombrecen la vida cotidiana". [3]

De acuerdo con Barceló y Hernández, Hesíodo no estaba en la pobreza absoluta; pero en la circunstancia, en esa división social en dos clases principales, no quedaba dentro de los pudientes y se comprende que desconfiara de los basilesyn pues de ellos dependían los fallos en asuntos delicados, como el reparto de tierras y cabía la posibilidad de que fueran sobornados por gente inescrupulosa como su hermano Perses. Nótese la ironía: “aunque sean sabios”. El problema político en este contexto no es que gobernaran los pequeños reyes, sino que dejaran de atender a la sabiduría. ¿Puede ser sabio un rey que se deje sobornar?  Pregunta pertinente por la ya referida situación económica, política y de las instancias jurídicas.   

Tras aclarar que Perses no es uno de los reyes, hay que ver cómo lo presenta Hesíodo: codicioso y perezoso. Aun más, quiere enriquecerse sin tener que trabajar. Es prepotente y soberbio, lo cual añade rasgos desfavorables ya que la desmesura o soberbia (hybris) es una mala inclinación que podría esperarse de los reyes; pero, incluso éstos no deben fomentarla, “pues mala es la soberbia para un hombre de baja condición y ni siquiera puede el noble sobrellevarla con facilidad cuando cae en la ruina, sino que se ve abrumado por ella”. [4] La fábula es, entonces, cuestionable. Podría indicar algo así como un derecho de los hombres más fuertes para someter a los débiles. Y eso es riesgoso, cuando no sea comprendida. Es extraña y, como se problematizó desde el inicio, parece contraproducente porque (a primera vista) Hesíodo está justificando el abuso de su hermano y de los pudientes basileisyn. De ser así, no estaría mal el despojo por medio de la alianza con ellos y mediante el soborno y la intriga o la violencia Perses podría abusar impunemente.

Al final, el relato no es contraproducente. Es (como diría Emilio Uranga,) una astucia literaria, porque, tras contar la fábula, Hesíodo se dedica a describir los premios y los castigos a los mortales, según sean justos o injustos. Por esta vía, aporta algo que es relevante para muchos temas, especialmente para distinciones filosóficas. Con mayor exactitud: ónticas. ¿Cómo hacer la distinción entre entes? Hesíodo lo hace por una nomotética (término de cuño kantiano, tomado de la Crítica del Juicio). Es decir, mediante una tipificación de la legalidad.

La tesis en este punto es que la legalidad hace la distinción. Lo destacable de la fábula es que da un vuelco de carácter nomotético, porque el poeta no es exactamente un ruiseñor, ni los reyes son halcones. En general, los hombres no deben conducirse por la misma ley de las fieras, que devoran a los pequeños: “Oh Perses! Grábate tú esto en el corazón; escucha ahora la voz de la justicia y olvídate por completo de violencia. Pues esta ley impuso el Cronión: a los peces, fieras y aves voladoras, comerse los unos a los otros, ya que no existe justicia entre ellos; a los hombres en cambio, les dio la justicia que es mucho mejor".[5]

Zeus es el Cronión, Crónida o hijo de Cronos al que se refiere Hesíodo atribuyéndole el decreto de cómo debe ser el halcón, rapaz; pero subraya que los hombres deben vivir conforme a otra ley. Esta diferencia es justificada por medio del mito de Prometeo y Epimeteo, que es el mismo relato usado por Platón en su diálogo que se conoce como Protágoras o de los sofistas;  aunque aquello sea en el marco de una discusión más laboriosa, sobre si la virtud puede o no ser enseñada.

El encargado de repartir dones entre los animales fue Epimeteo, (esposo de Pandora, la mujer que tiene todos los dones). Él distribuye malamente aquellos regalos, porque uno de los animales (el humano) había quedado con las manos vacías, lo cual le hacía más vulnerable que cualquier otro ser. Prometeo fue quien se encargó de solucionar esta carencia con el fuego que había hurtado al Crónida para dárselo a los hombres. El nombre de Metis hace referencia a la sabiduría y la racionalidad que Hesíodo reclama de los reyes (aunque la palabra usada en le fábula es frone/ousi, de modo que los basileisin debían ser frónesusi) y, sobre todo, hace notar la separación entre  hombres y otros animales porque el primero debe aprovechar otro regalo —esta vez de Zeus— la Diké, o sea, la Justicia. Por ella, el ser humano es distinto de los otros animales. Desde luego, no se trata de la solución sino del inicio de los problemas filosóficos. ¿Qué es la Justicia?; ¿es natural o mera convencionalidad?; ¿viene de los dioses o la hacen los hombres?

Los problemas con este tema atañen tanto a su significado como a sus fuentes. Si contiene algo, ¿cuál es ese contenido? En el contexto de la querella hay una petición muy concreta: que se le dé  lo  suyo, su parte de las tierras labrantías. De manera que la justicia implica orden y algo más, el respeto a la propiedad.

En cuanto a su fuente, Hesíodo la piensa trascendente, en el sentido de que está más allá de los reyes. Si han de procurar justicia, si han de darle lo suyo, no es porque quieran sino porque es un decreto del dios.  Lo cual suscita preguntas, ¿cómo lo sabe?; ¿en qué basa su concepción de esa fuente? Se basa en los mitos griegos. Pero, ¿acaso esos mitos no son sino otras tantas fábulas? No. No es lo mismo mito que fábula. García Gual dice que el mito es “una narración memorable y tradicional”. Pero, ¿no serían igualmente recordables o recuperables del pasado algunas fábulas, como las de Esopo o la Fontaine?  Cuán complejo es el tema abordado aquí, por las dificultades para definir entre lo que, quizá, sólo sean diversos tipos de fabulación o, en el peor de los casos, habladurías.

También adviértase que el fragmento no tiene la palabra mython sino ainon. Esta vez la etimología no ayuda mucho, porque tal palabra significa solamente hablar de algo, cuando mucho es aconsejar o alabar (ainéoo). De ahí su traducción como fábula, vocablo de origen latino; pero algo similar sucede con tal sustantivo cuando es un verbo infinitivo donde se sustituye la f por h: hablar. Eso sí, posteriormente se fue definiendo el género narrativo de las fábulas y en este ejemplar de Hesíodo está la nota característica: son los animales los que fablan.

A la dificultad hay que sumar lo que ocurre con la palabra mito, cuando se detecte que algún otro fabulador es un mitómano. Más de uno puede ser un mentiroso compulsivo, hablador o, valga la redundancia, un maníaco de la inventiva. Pero, no todo mito es mentira (nótese que Hesíodo no usa aquí la palabra falsedad [yeudea]). El poeta dice la fábula y en ésta hablan los animales como si fueran personas. Pero esta fantasía le sirve para algo, para hacer más eficaz la apología dándole un vuelco al relato. Se destaca ese vuelco de ciento ochenta grados, ese decir lo diametralmente opuesto a lo que parecía inicialmente para hacer lo que más le convenía dentro de la lamentable querella con su hermano.

Es tentadora la conclusión de que las fábulas únicamente son habladurías, pues, en verdad, son fantásticas ya que usan animales como protagonistas; pero es igualmente verdad que suelen ser buenas comparaciones y, sobre todo, pueden servir para dar consejos. Por otra parte, la taxonomía zoológica familiariza todas las especies animales y con ello contribuye a la confusión. Pero, el poeta de Ascra plantea que son otras las leyes que rigen al ser humano; por lo tanto es otro tipo de ente. De esta manera, él no se entrampa en la parte del texto que puede ser considerada como mera fábula. Es de la propia cosecha.

OBRA CITADA.
[1] Trabajos y Días, 205-210. Traducción de A. Jiménez y A. Martínez. En adelante su abreviatura será Td.
[2] Hay otra versión de la fábula del halcón y el ruiseñor, es de Esopo. El halcón obliga a cantar al ruiseñor como condición para no ser devorado. El cantor se esfuerza al máximo; pero el ave rapaz dice en este caso lo siguiente: "Amigo, no cantas bien" (Esopo, 2003, XLVII). El halcón está tan concentrado en atacar a sus presas que, a su vez, resulta sometido por otro cazador. Se trata de un hombre que estaba al acecho. De aquí se extrae una moraleja bastante clara: si tienes enemigos, entonces cuídate de ellos. El imperativo hipotético es válido porque conviene estar alerta en situación de guerra. Lo importante es que ambas versiones responden a una situación histórica en que la rapacidad de los halcones señala, en efecto, al grupo social de los basiléis.
[3] Barceló, Pedro, D. Hernández, Historia del pensamiento político griego, p. 66
[4] Td, 275.
[5] Idem.